Liderazgo estudiantil, una analogía del común de los políticos

Liderazgo estudiantil, una analogía del común de los políticos

Por Jesús García Gurrola

No es que haya un solo tipo de políticos, es que hay un prototipo que reina y por consiguiente el más conocido: el de los políticos bien parecidos, el de los políticos con mucho poder económico, el de los del derroche del dinero público, etc., y estos son los que han gobernado, prácticamente en el mundo entero, salvo algunas excepciones.

Este prototipo de políticos ha invadido la conciencia de la sociedad en general y en particular de los jóvenes que empiezan a concebirse como líderes, de ahí que todo mundo quiera ser como los grandes, y a aquellos pocos que se resisten, o los compran o de alguna manera les hacen pensar o ser como ellos, algo así como lo que sucedió en la época de la evangelización española.

Hace unos días se abrió la convocatoria para renovar la dirigencia de la FEUD (Federación de Estudiantes Universitarios de Durango) que dirige a más de 22 mil estudiantes de la Universidad Juárez del estado de Durango (UJED). Se inscribieron 4 aspirantes.

Seguramente cualquiera pensaría, como es lógico, que, por tratarse de estudiantes, que tienen un nivel de estudio superior al de la mayoría de los ciudadanos, las elecciones se dan de manera especial, la verdad es que no es así. Es increíble, pero cuando empiezas a vivir un proceso electoral estudiantil de esta naturaleza, te das cuenta de que las cosas son tan idénticas: gorras, playeras, compra de conciencias, discursos sin ningún fondo, comilonas gratis, engaño, tal vez la única diferencia sería que en las colonias y pueblos se reparten despensas y en las escuelas borracheras, o sea pan y circo para las masas.

Te das cuenta entonces de que estamos amolados como sociedad en general, y lo más preocupante es que el que debería ser la vanguardia, el sector estudiantil, está muy lejos de serlo, nos siguen comprando con una migaja porque no tenemos una ideología propia que deberíamos tener, porque no estamos siendo educados para pensar, para ser críticos, estamos siendo educados para que vivir como borregos, como coloquialmente se dice. Estamos siendo utilizados para que otros puedan escalar puestos, se están apoyando en nosotros para dar el paso al siguiente escalón, y lo peor es que no nos damos cuenta, nos conformamos con un vaso de café, unos churros o una playera mugrosa y no somos capaces de analizar las propuestas de los candidatos y dar el voto al que mejores planteamientos traiga, para que, llegado el momento, podamos exigirle que cumpla lo que prometió en campaña.

Necesitamos pues, una sociedad estudiantil crítica, pero crítica en el sentido científico, que lo cuestione todo, que de todo dude y que todo lo que se le presenta frente a sus ojos, lo someta siempre al más duro y serio escrutinio. Un estudiante que sea capaz de analizar los fenómenos sociales y dar su propia opinión, no la que le inculquen, sino la suya propia, adquirida no sólo por propia experiencia, sino también por el estudio de la experiencia de otros pensadores. Ese es el estudio. Esa es la ciencia. Este tipo de jóvenes es el que urge en la sociedad, pues solo de esta manera se puede dar una democracia más pura, una democracia que consista en que se le inculque al pueblo trabajador la idea de que el ciudadano no puede conformarse con poner una tacha en una boleta, introducirla en una urna y regresar dentro de tres o seis años a votar de nuevo. Ésa no es la democracia que deberíamos buscar los estudiantes, sobre todo, los comprometidos con los desposeídos de esta tierra. El estudiante crítico y democrático debe aspirar a que sus semejantes, sus compañeros y socios en la pobreza, se organicen y luchen para transformar la realidad injusta y la sociedad basada en una injusta distribución de la riqueza. Porque de otra manera, siempre va a seguir ganando  el que más dinero ofrezca y no el de las mejores propuestas.