Ramón Del Valle-Inclán culmina su narrativa con precisión lingüística en la obra sobre el Marqués de Bradomin

Ramón Del Valle-Inclán culmina su narrativa con precisión lingüística en la obra sobre el Marqués de Bradomin

Ramón Del Valle-Inclán (Villanueva de Arosa, España, 28 de octubre, 1866 – Santiago de Compostela, España, 5 de enero, 1936), es identificado junto con Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Rafael Alberti y Federico García Lorca, entre los mayores artífices de la palabra escrita en lengua castellana.

La obra de Del Valle-Inclán, principalmente compuesta de poesía, es tan prolífica como lo fue la biblioteca personal del autor, donde atesoraba más de 5 mil volúmenes, lo que confirma que un buen lector dotado de talento no puede menos que convertirse en escritor. Sonatas. Memorias del marqués de Bradomin cuenta “las andanzas amorosas” de este personaje, un don Juan sentimental, devoto y maestro literario. Cada sonata fue nombrada en homenaje a una estación del año, desarrollada en diferentes lugares de España a mediados del siglo XIX y atrapa al lector desde el inicio.

Parece ser que el título cumple con su papel en una tetralogía constituida por Romance de Lobos y Cara de Plata, otras dos obras en que el autor plasma ciclos autobiográficos que van en varias direcciones pero que desembocan en este texto donde, además de ser un esteta lingüístico, demuestra tener aptitudes de director escénico al hacer representables estos títulos sin que propiamente fueran concebidas como obras de teatro. “Fue mi paso por la vida como potente florecimiento de todas las pasiones: uno a uno mis días se caldeaban en la gran hoguera del amor. Las almas blancas me dieron entonces su ternura y lloraron mis crueldades y mis desvíos, mientras los dedos pálidos y ardientes deshojaban las margaritas que guardan el secreto de los corazones”, secretos que nos revela en esta novela Del Valle-Inclán hoja por hoja.