Wimbledon

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PITIDO DEPORTIVO

B. Armando Archundia Téllez

El tenis es uno de los deportes más seguidos por televisión. La temporada tenística tiene multitud de torneos, por lo que casi todos los días se puede ver algún partido. De todos los campeonatos, los cuatro más destacados e importantes son los llamados Grand Slam, que se disputan en Australia, Francia, Reino Unido y Estados Unidos.

Uno de ellos se acaba de celebrar hace unos días sobre tierras inglesas. Wimbledon, como se llama este torneo, es, probablemente, el más característico y especial del tenis. El dos de junio de 1877, el comité decidió organizar un torneo de tenis para jugadores amateur, compuesto por un único evento individual masculino, con el que esperaban obtener fondos suficientes para reparar el rodillo que utilizaban para el mantenimiento de las canchas. El campeonato se convirtió en el primer torneo oficial de tenis y el primero de los que más tarde serían conocidos como torneos de Grand Slam. La competición de caballeros, el único evento del campeonato, fue disputada en pistas de césped por 22 jugadores, que pagaron una guinea para participar. Su particularidad más especial es que se juega sobre hierba, un terreno muy distinto a los habituales de asfalto o arcilla. Ambos encuentros se disputaron en una abarrotada Pista Central, a las que asistieron 15 mil espectadores. Por las 19 canchas y durante las dos semanas que ha durado el evento, han pasado alrededor de medio millón de personas, que han pagado una media de 70 euros. Solo por la venta de entradas, Wimbledon ha ingresado alrededor de 35 millones de euros. Aunque no es el único torneo del circuito en hierba, sí es el más importante. Al ser una superficie tan delicada requiere de un cuidado adicional. Para ello se emplean alrededor de una tonelada de semillas anuales, medio centenar de trabajadores se encargan de tener la superficie en perfectas condiciones, regando, pintando las líneas y segando el césped para que quede con una altura de 8 milímetros.

Todos los tenistas reciben una determinada cantidad de dinero, fijada en función de los partidos que hayan logrado vencer, a partir de los 25 mil euros que lograron los que cayeron en el primer envite. Los vencedores han conseguido imponerse sobre el verde a sus 127 oponentes, lo que les ha servido para hacerse con el premio del torneo de 1.9 millones de euros. En total, el torneo ha repartido más de 26 millones de euros, un 40 por ciento más que el año pasado. Además del premio en metálico, a los vencedores se les hace entrega de un trofeo, réplica del original. El de Murray es una copa de plata de 47 centímetros de altura, coronada por una piña y en la que aparece la leyenda All England Lawn Tennis Club Single Handed Championship of the World. Su diseño se ha mantenido intacto desde 1877, aunque se desconoce con exactitud su origen. El valor propio de estos trofeos es difícil de calcular. Bjorn Borg, cinco veces campeón de Wimbledon entre 1976 y 1980, estuvo a punto de vender sus copas en 2006. La casa Bonhams las sacó a subasta junto con dos raquetas por un precio de salida de 435 mil euros, aunque el tenista sueco se arrepintió a última hora y terminó por no aligerar su vitrina de premios. El 18 de junio de 2012 se reveló una placa conmemorativa en la antigua sede del All England Lawn Tennis and Croquet Club, en Worple Road, Wimbledon, para celebrar el primer campeonato y el evento de tenis de los Juegos Olímpicos de Londres 1908.

Y siguiendo en el torneo, tenemos a Angelique Kerber, la única Top10 de la WTA que sigue en pie ya está en las semifinales de Wimbledon tras derrotar este martes a Daria Kasatkina por seis a tres y siete a cinco. También por la vía rápida se impuso Jelena Ostapenko a Dominika Cibulkova por siete a cinco y seis a cuatro. De esta forma, Alemana y Letonia se disputarán un lugar en una final inédita.