Un pequeño apocalipsis

Un pequeño apocalipsis

SEXTANTE

Por: Costeau

Dos años habían pasado del colapso del socialismo en la Unión Soviética y la mayoría de países de Europa del Este, cuando en 1993 el famoso realizador greco-francés Costa Gavras filmó la comedia política Un pequeño apocalipsis que, basada en la novela Mal Apocalipsis (1979), del escritor polaco Tadeusz Konwicki –impulsor del realismo socialista en su país– en la que utilizó el humor negro para mostrar de forma hilarante el extravío ideológico y moral en que muchos intelectuales de “izquierda” que hasta entonces habían sido partidarios de ese modelo socialista (algunos sin reservas, otros con posiciones críticas y aun con desavenencias) y que al desaparecer éste se encontraron en la más completa “orfandad” política.

La historia de Gavras se centra en la vida del escritor polaco Stanislas Marek (Jiri Menzel) quien, exiliado en París, Francia y en una fiesta doméstica con su esposa Bárbara (Anna Romantowskta) y unos amigos, de pronto no se “halla” en ese medio, se hastía y después de servir las copas a sus invitados, se refugia en su cuarto. Ya en éste, se funde la bombilla eléctrica, decide cambiarla, se sube a un mueble, juguetea colocándose el cable en el cuello y cuando está a punto de cambiar el foco, se aparece en un ventanal un gato negro que lo distrae. Entonces se resbala, queda suspendido unos instantes del cable hasta que éste se desprende del techo y al caer en el piso derriba la vela con la que se había estado iluminando. Se inicia un incendio que él mismo logra sofocar, pero cuando sus amigos y su esposa suben a verlo creen que intentó suicidarse. A partir de ese suceso, Bárbara y sus compañeros deciden “ayudarlo” y es ahí cuando Costa Gavras muestra una socarronería desternillante, pues en su afán de salvar a Stan, sus amigos buscan a un editor para que publique sus libros. Pero como este empresario en realidad es un mercachifle que al escuchar del “intento” de suicidio de Stan, propone a los exmarxistas que la mejor forma de salvarlo sería que tuviera un gran éxito editorial para vender en abundancia sus libros y que el modo más idóneo para lograr este objetivo sería que se suicidara en un evento público con gran cobertura mediática. Para realizar el suicidio, el editor les sugiere convencerlo de prenderse fuego a lo “bonzo” en un evento público en el Vaticano, cuando el Papa encabece un acto ante miles de personas en el que estén presentes los medios de comunicación internacionales.

Con ayuda de expertos en transmisiones por televisión, el editor planea la ejecución del suicidio público. Stan busca la forma de librarse de tan terrible destino, pero… En toda esta extraña trama, Gavras destila humor sutil y cáustico; también nos brinda una crítica certera sobre el extravío de la “izquierda” comunista y socialista, que perdió totalmente la brújula cuando se cayó el socialismo y el imperialismo vencedor logró imponer de forma acabada y avasalladora el régimen neoliberal en una gran parte del planeta. Lo cierto es que el mismo Gavras, a pesar de lo válido de sus críticas a esa intelectualidad y a los mismos dirigentes de los partidos, otrora comunistas o simpatizantes del bloque socialista, tampoco logró trazarse una orientación clara en esos momentos de gran confusión y abatimiento ideológico, moral y político.

Nos acercamos a las tres décadas de la mayor tragedia socio-histórica que ha padecido la humanidad en los últimos siglos, y el marasmo y la desmoralización aún no han terminado de hacer estragos en las mentes de decenas de miles de intelectuales, otrora proclives a defender la ideología y el proyecto social científico más justos para los pobres del mundo. Pero la terca realidad sobre el supuesto triunfo total y final del capitalismo sobre el proyecto socialista, a la luz del crecimiento de la miseria de las masas en la mayor parte del globo, del hambre, del desempleo, de las migraciones de población de países pobres a países ricos, del desenfrenado crecimiento de la delincuencia, los vicios y otras taras, nos dice que seguir en el “extravío” filosófico y político es una de las mayores estupideces humanas.