Diseña la UAM biorreactor de microalgas para la captura de dióxido de carbono

Diseña la UAM biorreactor de microalgas para la captura de dióxido de carbono
  • Busca el aprovechamiento de gases emanados de los procesos de calcinación en la producción de cemento

Un equipo de investigación de la Unidad Cuajimalpa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) creó un biorreactor de microalgas para la captura de dióxido de carbono (CO2) de gases de combustión de la industria cementera, el cual fue puesto en marcha en la planta industrial Cementos Fortaleza, en Tula, Hidalgo.

Durante una visita de funcionarios de la UAM –encabezada por el doctor Sergio Revah Moiseev, director de Apoyo a la Investigación, en representación del doctor Eduardo Peñalosa Castro, rector general– a la planta se llevó a cabo una prueba del concepto denominado Parque Verde Fortaleza, realizado como parte del proyecto liderado por la doctora Marcia Guadalupe Morales Ibarría, profesora del Departamento de Procesos y Tecnología.

El desarrollo está orientado al aprovechamiento de los gases emanados de los procesos de calcinación en la producción de cemento, por medio de tecnologías innovadoras y limpias utilizadas en este procedimiento biotecnológico, indicó el ingeniero José Alfredo Mendoza Enríquez, responsable de la operación de la planta.

El prototipo, que estuvo funcionando durante dos meses en instalaciones de esa sede académica, ha demostrado su efectividad al haber sobrevivido perfectamente los microorganismos a nuevas condiciones de clima, temperatura y otros factores in situ, señaló la doctora Morales Ibarría.

Las microalgas originan compuestos que pueden apicarse en la medicina, por ejemplo en el almacenamiento de nanopartículas metálicas para tratamientos médicos o en suplementos alimenticios, ya que contienen cantidades altas de proteínas, minerales, vitaminas, aminoácidos, fibras y ácidos grasos benéficos para la salud.

De ellas se obtiene biomasa, una fuente renovable que permite reemplazar combustibles fósiles gracias al elevado contenido de lípidos y el perfil idóneo para la obtención de biocombustibles y fertilizantes, además de que permiten la fabricación de polihidroxialcanoatos, que al sintetizar sus polímeros forman compuestos que pueden sustituir algunos plásticos sintéticos derivados del crudo.

La doctora Morales Ibarría sostuvo que la relación empresa-universidad genera un impacto en ambos sectores, ya que para la primera el saber se ha convertido en una necesidad que permite incrementar la competitividad al innovar con mejoras o el desarrollo de procesos y/o productos, así como para resolver problemas a los que se enfrentan o que limitan su crecimiento.

Para la universidad representa una oportunidad de entablar un vínculo de cooperación con los sectores industriales y crear conocimiento aplicado a un ramo productivo específico, lo que eventualmente se traducirá en materia de investigación y temática para resolver por los científicos, concluyó.