Opinión: Los lambiscones del poder

Opinión: Los lambiscones del poder
Por: Guadalupe Orona Urías
El pasado 27 de febrero en el Diario Plaza Juárez, por cierto, medio de muy poca circulación, lo cual, al principio, me había hecho dudar para ocuparme del tema que hoy pretendo desarrollar, pero ni modo, en aras de la verdad y a pesar de que pueda hacerle algo de propaganda al diario y a su “Alfil Negro”, me ocupo de las calumnias, ahora de este medio hidalguense, que ya en otras ocasiones ha salido a difamar al Movimiento Antorchista y a su servidora, en mi carácter de dirigente estatal de esta honorable organización. Dicho diario y su “columnista” siempre que se ocupan de Antorcha, es para difamarla, pero sobre todo, en los momentos de mayor exigencia por parte de Antorcha hacia el gobierno del estado para que cumpla con sus promesas de llevar agua potable, drenaje, caminos, escuelas, centros de salud, vivienda, etc., a la población hidalguense. Cuando Antorcha reclama atención y solución a las demandas comprometidas, cuando demanda que se cumpla con la ley llevando bienestar y desarrollo a todos los rincones del estado y que se aplique el presupuesto para la población más necesitada y vulnerable, es entonces cuando salen inmediatamente los defensores del poder, del gobernador en turno y es este,  precisamente, el papel que ha jugado siempre Diario Plaza Juárez y sus voceros; pero nada extraño hay en ello, si partimos, primero, del hecho de que los ricos de este país controlan la economía, la política oficial y que tienen a sus representantes en todos los foros y, lógicamente, también en los medios de comunicación, los cuales, en su gran mayoría son de su propiedad. Y claro que  son dueños, no para permitir que su medio de comunicación sirva a intereses contrarios a los suyos o de su grupo. Y este es el caso del periódico “Plaza Juárez”, propiedad real, se dice, de un poderoso hidalguense, exgobernador de la entidad. Del señor de la columna Alfil Negro (“El alfil es una pieza menor del ajedrez occidental de valor aproximado de tres peones”) un tal Adalberto Peralta, que tiene más fama de ser adorador del Dios Baco, afición que le provoca continuas visitas a los centros donde se prodigan toda clase de bebidas espirituosas y que alegran el alma y donde algunos de sus empleados lo tienen que ir a recoger, literalmente. Tampoco es desconocido para los hidalguenses medianamente informados que este individuo ha sido funcionario del gobierno del estado, del cual, por cierto ha recibido varios favores, entre ellos, se corre el rumor, de que el terreno donde se encuentran precisamente las instalaciones del periódico en cuestión.
 El autor de la columna oficiosa, Adalberto Peralta, parece ser miembro destacado de esa especie de personajes que nunca faltan, que están ahí siempre prestos para obedecer, para hacer todas las  genuflexiones necesarias ante y para el poderoso en turno, que nunca les preocupa nada, sólo que su billetera esté lo suficientemente abultada sin importar mucho honestidad, trabajo, honradez, etc., es decir, los lambiscones y aduladores del poder.  Así que, con esta autoridad moral, este señor, obsequioso de su pluma al poderoso en turno, viene nuevamente a calumniar y a ofender a miles de hidalguenses organizados en el Movimiento Antorchista.
Primera aclaración: en efecto, somos distintos, a los antorchistas no se nos puede comparar con organizaciones que siempre han sido parte de la oficialidad, como la UNTA. Nosotros sí somos una organización bien estructurada, con proyecto de nación, con liderazgos sólidos y con total independencia económica, cosa de la cual no puede presumir el señor Peralta. Los demás señalados en su columna insidiosa no creo que necesiten de mi defensa. Dice el plumífero que   “…pero todos ellos dicen tener como meta la ayuda y el servicio a la comunidad, sobre todo a los más desprotegidos: a los pobres, que se han convertido en botín de abusivos para tener dinero…” Pero el señor no se molesta en investigar, ni siquiera en las colonias populares más cercanas a su casa o a sus oficinas si han llegado o no ayudas y servicios a la comunidad, en este caso, gestionados por Antorcha; debería irse a empolvar un poco los zapatos para demostrar su dicho; además, Antorcha tiene como meta la organización y educación del pueblo pobre de México para que asuma el poder político de la nación y es precisamente a eso a lo que le temen los poderosos y sus lacayos.
Continúa la insidia: “En Hidalgo tenemos presencia de estos vividores que al parecer pierden fuerza sobre todo por la decisión de AMLO para que todas las ayudas lleguen de manera directa a los beneficiados sin intermediarios, con mensaje directo a los antorchistas que hasta dueños de gasolineras son” ¡Vividores! ¡El burro hablando de orejas! Que somos “intermediarios”, que lo pruebe, pues Antorcha, junto con todos los antorchistas gestionamos las obras y son las dependencias de los gobiernos estatales y municipales, según corresponda, los que ejecutan; ni por las manos de los líderes, ni siquiera por los comités de obras, encargados de vigilar la correcta ejecución de las mismas, pasa un centavo partido por la mitad. Entiendo que los grandes deseos del señor y sus patrones y también de “AMLO”, como él le llama, es que Antorcha pierda fuerza para que no haya contrapeso popular alguno organizado, que pueda reclamar sus derechos, pero siento decepcionarlos, cada día Antorcha se consolida y crece más, sus 45 años de lucha y trabajo han penetrado en el corazón y la consciencia de millones de mexicanos. También  dice, como si fuera delito: “…hasta dueños de gasolineras son”. Pues el hecho de que Antorcha tenga negocios para financiar su actividad política contradice flagrantemente su dicho de que somos vividores de los pobres.
Pero otra perla, donde asoma las orejas: “…los organizan con la promesa de que mejorarán y para ello se valen de todo y siempre de acuerdo a como se deje la autoridad”. O sea, la autoridad no responde a las necesidades de la población, si no es bajo presión y se le olvida que el gobierno está para atender las necesidades de la población; hace un llamado (a valores entendidos) de que la autoridad “no se deje”. Yo sólo le recuerdo que es  obligación del gobierno atender y resolver y que ni la más alta autoridad del país puede conculcar los derechos de organización, manifestación y petición. Así que siento disgustar a tan sobajado señor y a sus patrones, pero Antorcha seguirá trabajando para organizar y  educar al pueblo de México y seguirá exigiendo que los recursos públicos se apliquen en las obras y servicios que necesita. Creo que ya va siendo hora que él y otros prueben sus acusaciones, de lo contrario, nosotros estamos en libertad de acudir ante cualquier tribunal para demandar dichas pruebas o el resarcimiento del daño moral.