Dignidad de un pueblo organizado

Dignidad de un pueblo organizado

Opinión invitada: Laura Castillo García. Pese a las amenazas de violencia en contra de Antorcha que por la mañana del martes 25 de junio hiciera el secretario General de Gobierno del Estado de México, Alejandro Ozuna Rivero, a la dirigencia estatal del Movimiento Antorchista con relación a la asistencia de ésta a un evento que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, realizaría esa tarde en el municipio mexiquense de Ecatepec, miles de antorchistas se presentaron y con enjundia recibieron al mandatario con el reclamo de “obras y servicios para colonias pobres”.

Es tanta la necesidad de obras y servicios en el municipio más poblado del Estado de México, la consigna de obras y servicios fue coreada hasta por los morenistas que ahí se encontraban; es decir, gente que también siente la necesidad de un colector para que no se inunde la colonia Laguna de Chiconautla, o de agua potable, drenaje, pavimentos, escuelas, centros de salud, etc., etc.

Con justa razón, la gente demandó obras y servicios para colonias pobres debido a que el licenciado López Obrador desapareció el Ramo 23, a través del cual los gobiernos municipales realizaban obras en sus demarcaciones, y a que -en sus seis meses de administración- el gobierno federal no ha realizado, o iniciado, ninguna obra en ninguna parte del territorio nacional y, por el contrario, solo ha hecho promesas como la que realizó ayer en el sentido de que invertirá 600 millones de pesos de obras en Ecatepec, aunque, como dijo un señor que se encontraba a mi lado, “hasta no ver no creer porque el prometer no empobrece”.

Pero los antorchistas no solo estaban ahí para demandar obras y servicios que mucha falta hacen. La verdadera razón de su asistencia a un evento de Andrés Manuel López Obrador donde entregaría tarjetas de programas sociales de bienestar tampoco fue para ir por su propia tarjeta, no.

Los militantes de Antorcha que ahí se congregaron -los cuales eran más que los propios beneficiarios y morenistas-, fueron con un propósito superior: rechazar con su presencia la acusación de que Antorcha es intermediaria y se queda con “moches”; acusación que en más de 90 ocasiones ha realizado el Presidente a lo largo y ancho del país en contra de la organización formada por más de dos millones de personas: gente honesta y trabajadora que lucha día con día para brindarle un mejor entorno a su familia.

Aunque estaban preparados para corear la contundente consigna que reza: “miente, miente, señor presidente”en cuanto el presidente López lanzara su mentada acusación, de la boca de los antorchistas, prudentes y disciplinados, no salió ni media consigna gracias a que el presidente no nombró a su organización en el susodicho evento. En cambio, educadamente dejaron que corriera el acto presidido por el presidente López y el gobernador mexiquense Alfredo del Mazo, quien fue abucheado por las huestes lopezobradoristas.

Un malintencionado y financiado comentario que el diario Milenio Estado de México publicó el miércoles 26 de junio en una de sus columnas, asegura que los antorchistas tienen la consigna de reventar los eventos del Presidente, lo cual es totalmente falso, como queda demostrado con la relatoría que líneas arriba hice del evento.

El Movimiento Antorchista del Estado de México siempre se ha conducido pacíficamente y dentro del marco de la ley: primero realizamos gestiones, cientos de gestiones, y si realizamos marchas o plantones es porque no nos deja otro camino la arbitrariedad, prepotencia o negligencia de las autoridades estatales y, si el día de ayer nos presentamos al evento del presidente López, a pesar de las amenazas, fue porque ningún mandatario, del nivel que sea, no puede acusar impunemente, sin prueba alguna, ni coartar el derecho a la manifestación o libre expresión públicas.

Al final del evento, los antorchistas corearon consignas a favor de Antorcha, lo cual hicieron con mucha energía, pero también con mucha alegría por estar conscientes de que con su presencia y actitud defendieron la dignidad de un pueblo organizado.