Zonas arqueológicas de Tlaxcala revelan la complejidad social y política del México prehispánico

Zonas arqueológicas de Tlaxcala revelan la complejidad social y política del México prehispánico
  • Cacaxtla–Xochitécatl, Ocotelulco, Tizatlán y Zultépec-Tecoaque son los cuatro sitios arqueológicos abiertos al público en la entidad, bajo custodia del INAH
  • Investigaciones en Zultépec-Tecoaque han corroborado que los acolhuas capturaron y sacrificaron, en 1520, a una caravana de aliados de Hernán Cortés

Dada la vastedad de su patrimonio cultural, Tlaxcala es un estado que destaca en materia arqueológica. Las cuatro zonas arqueológicas abiertas al público en la entidad, bajo custodia del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), cuyo auge se dio en el periodo Epiclásico (650 a 900 d.C.), constituyen un territorio que atestiguó el contacto entre Mesoamérica y Europa, en el siglo XVI.

La Zona Arqueológica de Cacaxtla–Xochitécatl es la más temprana en cuanto a temporalidad, su apogeo se ha establecido en el referido Epiclásico. Su poderío logró la hegemonía política, militar y económica en gran parte del valle poblano-tlaxcalteca después de la caída de Teotihuacan y Cholula.

Este sitio es reconocido por su Gran Basamento, un complejo arquitectónico de estructuras superpuestas en el que se conservan elaboradas muestras de pintura mural, distribuidas en los espacios denominados: Templo de Venus, Templo Rojo, Mural de la Batalla y Pórtico A.

Otros dos enclaves prehispánicos de esta entidad son las Zonas Arqueológicas de Ocotelulco y Tizatlán, del periodo Posclásico (900-1521 d. C.), cuyos vestigios hoy permiten reconstruir la complejidad política y social que existió en la antigua Tlaxcala.

Investigaciones lideradas por los especialistas del INAH Enrique Martínez Vargas y Ana María Jarquín Pacheco, han corroborado arqueológicamente que, a mediados de 1520, en Tecoaque —vocablo que significa: “donde se comieron a los señores o a los dioses”— los acolhuas capturaron una caravana de aliados de Hernán Cortes, de al menos 350 personas (hombres y mujeres de origen español, negros y mulatos, taínos e indígenas tlaxcaltecas y totonacos) y diversos animales, a los cuales sacrificaron y consumieron ritualmente.

En recientes temporadas de campo se han hallado evidencias de la que pudo ser la última ceremonia de la urbe prehispánica: figurillas de deidades, braseros ceremoniales, restos humanos y, en especial, el segmento de una pata de caballo, la cual confirmó que los restos son de la época del contacto con los españoles.

Enrique Martínez ha señalado que, en castigo a la captura de su caravana, Hernán Cortés designó a Gonzalo de Sandoval para que acudiera a Zultépec a destruir la ciudad, lo cual fue verificado por el alguacil mayor del conquistador. Los habitantes en su mayoría huyeron, no sin antes resguardar sus deidades en depósitos que, ahora, son devueltos a nuestro tiempo por los arqueólogos del INAH. En este sitio sobresale su pirámide circular dedicada a Ehécatl, deidad del viento.