Opinión invitada: El fin del neoliberalismo decretado por el presidente y el PEF 2020

Opinión invitada: El fin del neoliberalismo decretado por el presidente y el PEF 2020

Por Dimas Romero González

Hace unos meses, el mandatario federal dijo: “quedan abolidas dos cosas: el modelo neoliberal y su política de pillaje antipopular y entreguista”. Esto, sin explicar a los mexicanos, qué es el neoliberalismo y con qué medidas profundas, sistemáticas y bien pensadas, lo derrotó.

El Ingeniero Aquiles Córdova, Secretario General y fundador del Movimiento Antorchista, que sí es un conocedor probado de la ciencia económica, preocupado por las erróneas políticas económicas del gobierno federal, nos explica lo que se debe entender acerca de este modelo económico.

El neoliberalismo es el producto del natural desarrollo del liberalismo, filosofía que sintetiza el sentir y el pensar de la burguesía, que buscaba derribar las trabas feudales que impedían el desarrollo y el despliegue de todas las capacidades creadoras del hombre, para ponerlas a su servicio y adecuarlas a las necesidades del capital productivo, sin que el Estado tuviera intervención en la economía. Esta no intervención, basada en el “laissez faire, laissez passer” (dejar hacer, dejar pasar), principio angular del libre mercado, plantea que la búsqueda del interés privado trae como consecuencia inevitable, sin la intervención de nadie, salvo la regulación natural de “la mano invisible”, la prosperidad para toda la sociedad en su conjunto.

La resultante fue, por un lado, una inmensa concentración de la riqueza, a escala mundial, y por el otro, el crecimiento escandaloso de la pobreza, lo que originó el surgimiento de una teoría distinta, el marxismo, que con Rusia a la cabeza, iba adoptándose en muchos países pobres. Estos tempranos éxitos forzaron a la revisión y al cambio en la política de la no intervención del Estado en la economía. Estados Unidos, potencia capitalista predominante, para apartar del socialismo a las masas trabajadoras norteamericanas y del mundo, propuso el “Estado de bienestar”, con programas para mejorar la vida de éstas.

Pero el socialismo fracasó, y ello significó el abandono del “Estado de bienestar”, ya innecesario ante la caída del enemigo. Se acabó con los triunfos laborales y las mejoras en las condiciones de vida de la clase trabajadora, que encarecen la mano de obra y disminuyen las ganancias del capital, éste exigió entonces, que se volviera a dejar todo a la “Mano invisible” y que cada quien viviera de lo que le proporcionara su capital humano y nada más. Eso es el neoliberalismo.

El Ing. Aquiles Córdova Morán, en su explicación, también ha dejado por sentada la postura del Movimiento Antorchista. A saber, que en el supuesto de que el verdadero propósito de Obrador, fuera realmente tocar las estructuras económicas del régimen, no están dadas las condiciones ni objetivas ni subjetivas para tamaña empresa, porque si se trata de un intento serio y no de aventuras y ocurrencias, se necesitará la fuerza y apoyo de las grandes masas populares de nuestro país, la preparación intelectual, política y económica de éstas y de quienes dirijan el cambio de modelo económico, además de las condiciones nacionales y mundiales propicias para ello.

Insistimos, ¿cómo se piensa terminar con el neoliberalismo? No lo ha dicho, pero si aceptamos que abolir significa derogar, dejar sin vigencia, se entiende que el inquilino de Palacio Nacional, habló de trastocar, de remover las raíces de la estructura, que sostiene a la etapa superior del modo de producción capitalista que hoy impera en México y gran parte del mundo. Esto, necesariamente implica adoptar otra filosofía económica, otro modelo económico que no tenga, en el centro de sus intereses, el permitir al capital la acumulación desmedida y desenfrenada de la riqueza que los mexicanos producen con su fuerza de trabajo; ¿qué tipo de modelo económico es este? Tampoco nos lo ha dicho.

Pero hemos visto que su ideario político y económico consiste en la guerra contra la corrupción que permite que se acumule la riqueza en manos de los poderosos, y por tanto, sólo basta con que ésta se elimine y se aplique la tan cacareada austeridad republicana, y las arcas del erario se llenarán de dinero que, como padre amoroso, repartirá a los mexicanos mediante las conocidas transferencias monetarias directas; y para completar el progreso, recuperará PEMEX y construirá la refinería de Dos Bocas para relanzar a nuestro país por la ruta de las potencias energéticas. Así su transformador proyecto económico.

Dígase lo que se diga sobre nuestro Secretario General, la realidad ha demostrado que tiene la razón, y ha quedado claro que la idea de participación de las masas en el paternalista gobierno de AMLO, se reduce a ridículas consultas a mano alzada en las que, con ocurrencias, arranca el voto de los presentes; y su altura política y económica, quedó clara también, cuando dijo que no se necesitaba saber economía para gobernar el país, o que no se requiere crecimiento económico, sino desarrollo.

Cualquier planteamiento económico serio que busque, ya no abolir el neoliberalismo, sino por lo menos suavizarlo, tendría que proponer medidas de profundo impacto, que mejoren radicalmente los ingresos de los trabajadores para que puedan adquirir la canasta básica, además del mejoramiento en infraestructura y la inversión apropiada en servicios sociales como salud, educación y vivienda. Pero nada de esto se ha visto. Y en ningún país de ningún continente se ha probado todavía que al capital y al neoliberalismo se les pueda combatir con una armadura de ocurrencias.

Estando así las cosas, el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF), que en estos momentos está siendo revisado por la Cámara de Diputados, es una prueba más de la falsa lucha contra el neoliberalismo, pues carga la aportación de ingresos a los sectores sociales más bajos, actualizando las cuotas sobre productos de uso común y a los consumidores en general, ampliando la base tributaria con impuestos al consumo de servicios digitales de transporte, catálogos de venta y rentas por ocupación, dejando intacta a la gran empresa y a los sectores económicamente acomodados, a quienes beneficia en materia tributaria. Basta revisar el Presupuesto de Gastos Fiscales de la Secretaría de Hacienda para 2019-2020 y se observará que se dejarán de recaudar, por tratamientos diferenciados en distintos tipos de impuestos, 944,796 millones de pesos en 2019 y 879,916 en 2020.

No se ha terminado el neoliberalismo en México ni es este un gobierno en favor de las mayorías, sino otro proyecto de los grupos que se pelean el poder en el país, quienes consideraban necesario un ajuste más al modelo neoliberal, para lo cual llevaron a la presidencia de la República a López obrador, quien por muchos años ha buscado su cuota de poder, colocándose en el terreno de la oposición, y que agarrado del discurso contra la corrupción, está desmantelando dependencias, recortando empleos, disminuyendo presupuestos y eliminando programas, a modo del funcionamiento de una empresa, para mejorar el rendimiento económico, en beneficio del capital y en perjuicio de la clase trabajadora, nada más.

El país no está para aventuras, no es necesario prometer locuras o imposibles, se necesita un gobierno sensato y conocedor de la economía y de la geopolítica, que tenga el valor y los argumentos para demostrar a los grandes capitales, que por instinto de supervivencia, les conviene ver que no se puede orillar a las masas populares a la desesperación que pueda desembocar en una crisis social, que un “Estado de bienestar” a la mexicana es posible y necesario. Antorcha sabe gobernar, tiene pruebas de ello, y está lista para dar a conocer su propuesta a todos los mexicanos.