Los de la “Esperanza” se olvidaron de los pueblos indígenas

Los de la “Esperanza” se olvidaron de los pueblos indígenas

Por Lorena Leyto

  • La pasión por mezclar los colores de los hilos se esfumó por Covid; hoy en “Paraíso Indígena” demandan apoyo del gobierno federal

Al escuchar hablar de San Miguel del Valle, uno se imagina un lugar soleado, en la planicie; sin embargo, al estar a 5 minutos del arco que te da la bienvenida al “Paraíso Indígena”, la realidad es otra, se aprecia que la localidad está incrustada en las faldas de las montañas de la Sierra Juárez y además, está junto al cerro de la mujer dormida, por lo que la niebla y el frío cobijan a los que llegan a este paraíso.

San Miguel del Valle, se ubica a tan sólo 45 minutos de la capital Oaxaqueña y pertenece al distrito de Tlacolula de Matamoros, cuenta con una población superior a las 2 mil 500 personas, de las que al menos un 80 por ciento de ésta cifra se dedica a tejer o bordar tapetes. Además, también el 80 por ciento de su población conserva el zapoteco como su lengua originaria y aun predomina la vestimenta autóctona de las mujeres, pues las blusas y los vestidos que usan diariamente, lucen en sus costuras las figuras hechas previamente con hilo. 

Durante el recorrido de 4 horas en San Miguel del Valle o “Paraíso indígena”, el tiempo apenas y nos alcanzó para conocer a través de las voces de algunos habitantes, la situación en la que hoy se encuentran con el paso de la pandemia, misma que llegó a desolar las reducidas calles de lo que para todo turista es el paraíso.

Tal es el caso de doña Amada Hernández López, quien desde su nacimiento radica en San Miguel y a sus 16 años, debido a la enseñanza de sus padres y abuelos, aprendió a tejer y dibujar tapetes. Hoy relata, que como artesanos que solo cuentan con su mano de obra, se enfrentan a 2 grandes problemas debido a la pandemia por Covid 19, la primera es que las ventas han bajado al 30% y lo segundo es que el hilo escasea según sus vecinos de Teotitlán del Valle, quienes son los que surten.

Es con un nudo en la garganta y los ojos inundados de tristeza, como apenas y escuchamos decir a doña Amada: “Antes de la pandemia, todos los del hogar aportamos nuestra mano de obra para hacer tapetes y venderlos, ahora el único sustento que tenemos es el poco salario que trae mi esposo que trabaja en la albañilería; pues aquí ningún gobierno de esos que dijeron ser la esperanza nos han volteado a ver, son los que principalmente se han olvidado de nosotros”, añade.

Al recorrer las pendientes y reducidas calles para dirigirnos a la casa de doña Natalia Hernández Hernández, nos pudimos dar cuenta que  el golpe económico también ha llegado a su hogar, pues con sus 70 años de experiencia y viviendo en San Miguel del Valle, nunca había presenciado un suceso como el que están viviendo ahora, y es que ella, al igual que sus demás vecinas, se dedicaba a tejer tapetes, pero a causa de la pandemia, ella junto a su esposo de ya 72 años, tuvieron que dejar de trabajar en la elaboración de artesanías debido a que ya no contaban con clientes y ahora han tenido que recurrir al campo para cuando menos, comer 2 veces al día.

“Por ahora no tenemos en mente retomar nuestro trabajo de artesanías porque aunque nos gusta laborar tapetes, ahorita lo principal es obtener alimento para medio sobrellevarla; lo cierto es que aquí, en estos días difíciles por la pandemia, ningún gobierno nos ha ayudado, pero tampoco antes, por ejemplo unas calles y algunos bultos de cemento para mejorar nuestra casita, lo hemos obtenido porque  juntamos un grupo de personas en Antorcha Campesina y ahí hemos luchado para lograr algo que sirve como progreso a nuestra comunidad”.

Esperando escuchar que en otro hogar las cosas fueran diferentes, caminamos a la casa de Leticia Hernández Matías, quien nos recibió rodeada de sobrinas y tías, que al igual que ella trabajan en el pequeño taller de tapetes, pero ¡Cuán grande fue nuestra sorpresa, al escuchar que no, la situación que se vive por el Covid tampoco les favorece a ellas!

Y es que con una sonrisa en el rostro, Leticia Hernández de 42 años nos cuenta que para ella es apasionante tejer tapetes, mezclar los colores de los hilos o bordar blusas y vestidos típicos, pero esto lo pudo realizar sólo hasta antes de la llegada del Covid a Oaxaca, cuando ella junto a sus compañeras realizaban de 10 a 15 tapetes a la semana y se vendían, sin embargo, todo cambió a mediados del mes de abril, porque se llegó al grado de que a la semana solo podían vender un tapete, y ante esta situación no les quedó otra opción que optar dejar la elaboración de tapetes y bordado, para dedicarse al campo y cuando menos así asegurar la comida.

“Como artesanas aquí no hemos recibido ningún apoyo del Gobierno Federal, que llegó al poder diciendo que iba ayudar a los más pobres, nuestra comunidad es indígena y la verdad es que si algo de progreso hemos tenido ha sido porque también se dice que somos un lugar turístico, pero si pueden observar, debido a que por la pandemia no han bajado los turistas, pues nuestra carretera está en el olvido. Yo invito a la gente a organizarse con Antorcha porque así es como poquito a poquito logramos bienestar en nuestros pueblos aquí por ejemplo, logramos una pavimentación y ha servido de mucho”, puntualizó la artesana.

Finalmente, a una sola voz, organizadas en el Movimiento Antorchista, las tejedoras de tapetes y creadoras de artesanías, exigen al Gobierno Federal alto a las calumnias contra su organización, que ha sido la única que no las ha dejado solas a pesar de la persecución política que han sufrido los dirigentes, además hacen un llamado enérgico a las autoridades para que volteen a ver a las comunidades indígenas, donde los habitantes están siendo golpeados económicamente y no se ha ayudado siquiera, con un programa alimenticio, como el que indicó Antorcha, desde el recrudecimiento de la pandemia.