Tarahumaras enfrentan sequías graves y desnutrición

Tarahumaras enfrentan sequías graves y desnutrición

Las comunidades indígenas rarámuris y ódamis que habitan la Sierra Tarahumara de Chihuahua, México, afrontan, en este 2020, una sequía atípica que hizo que se perdiera buena parte de las cosechas que sus poblaciones usan para el autoconsumo. La Secretaría de Desarrollo Rural del Gobierno de Chihuahua alertó que se han perdido entre 50 y 80% de esas cosechas.

En las comunidades están buscando opciones, dijo Irma Chávez, mujer rarámuri y promotora cultural colaboradora en el programa Chihuahua Crece Contigo, quien contó que para evitar pasar hambre están volviendo a comer ardillas y lagartijas, o pulpa de nopal. Pero aunque busquen opciones la situación es crítica.

Irma aseguró que en su comunidad, Choréachi, ubicada en el municipio de Guadalupe y Calvo, hay casos de niños desnutridos, “y este año no se dio el maíz ni para hacer pinole, va a ser muy grave”.

Dijo que hay una preocupación en las familias porque “no habrá suficiente para comer. Los niños ya estaban desnutridos y ahora ¿qué nos espera ahora si llegara la pandemia?”

Este jueves, Irma fue una de las participantes en la conferencia de prensa organizada por la organización Raichilli, sobre el posible impacto de Covid-19 en la Sierra Tarahumara. Compartiendo el micrófono con ella estaba Eva Pérez, mujer rarámuri, promotora de salud y lideresa de la comunidad de Bosques de San Elías Repechique.

Las dos denunciaron las precarias condiciones en que se encuentran las comunidades de la Tarahumara  por la sequía que viven, y se mostraron preocupadas en caso de que se lleguen a presentar casos de Covid-19 entre sus pobladores.

La pandemia podría ser muy grave, no solo por la desnutrición, también por la precaria infraestructura de salud. Los centros de salud en las comunidades están mínimo a dos horas caminando.

Además, muchos pobladores de las rancherías y hasta de las comunidades más grandes no creen en el Covid, algo a lo que ha contribuido la falta de información.

“A las autoridades les falta mucho por hacer. Donde yo vivo solo al principio fueron a platicar que venía la enfermedad, pero las comunidades no lo vieron tan importante. Para ellos sigue siendo raro usar el cubrebocas, por ejemplo. Pero es que no ha habido buena información. Ahora que volvemos a foco rojo, hay que volver a intentar concientizar, pero no se está haciendo y luego también es que llegan con sus medidas y pues allá no hay jabón, ni gel antibacterial, pues cómo les dices que lo usen. Allá lo único sería el cubrebocas y la distancia”, contó Irma.

Eso es justo lo que hasta ahora los ha librado de la pandemia, la distancia. Pero Elvira Luna, mujer rarámuri y enfermera en un hospital Covid-19 de Chihuahua teme que si bien el virus llegará tarde, a fin de cuentas llegará, como ha ocurrido con otras enfermedades en otros años.

Elvira recordó el caso de la tuberculosis. Hace algunos años “las comunidades tampoco creían en eso, y sí tardó en llegar justo porque estamos lejos, pero llegó y en los hospitales había mucha gente de las comunidades con tuberculosis”.

Elvia dijo que antes de 2012 hubo muchos casos de esa enfermedad en las rancherías, y también hace dos años. El impacto allá ha sido tardío, pero fuerte. Igual puede ser el de Covid.

A Irma, a Elvira, a Elvia y a los que han tenido que salir de sus comunidades por alguna razón les da miedo ser el vehículo que usé el virus del SARS CoV2, que causa la enfermedad Covid-19 para llegar a las rancherías de la Sierra Tarahumara,  pero es justo la sequía y la falta de trabajo lo que ha orillado a más personas a irse a trabajar a los campos agrícolas.

“Mucha gente se ha ido de jornaleros, y algunos no regresan justo para no llevar los contagios. Muchos claro no se quieren ir a arriesgar a esos campos, pero no tienen opción, no hay acá trabajo, no hay cosecha”, señaló Irma.

La Red Mexicana de Jornaleras y Jornaleros Agrícolas ha alertado de oleadas inusuales de pobladores de las comunidades hacia los campos de cultivo, en meses y número de personas que no se habían visto antes. La organización acusa que las autoridades no han hecho un censo para tener información oficial sobre cuántos trabajadores se han contagiado de Covid-19 y fallecido por la enfermedad.

El otro impacto

A Elvira lo que le preocupa además de la sequía es toda la atención médica que no han recibido los habitantes de las rancherías que están en la Sierra Tarahumara, ante el cierre de la mayoría de los servicios en los hospitales, que se volcaron a atender el Covid.

 “Hay muchas personas que ya no pueden ser trasladadas a la ciudad, para sus estudios o seguimientos. Ahorita no atienden a pacientes por otro tipo de diagnostico que no sea de gravedad. Eso nos va a traer problemas, porque ya llevábamos un seguimiento de los casos y ya cuando llega esto se vieron muy afectados, desde el traslado, las próximas citas, todo se vino abajo”.

El impacto real de todo eso no se sabe todavía, aunque hay casos que Irma, en su trabajo de ir a las rancherías, ya tiene claro: “en la sierra veo el impacto fuerte que les causó a niños y mujeres con cáncer, que se les cerró la opción de que los atendieran en los hospitales, no tanto por el cierre de servicios, sino porque todo se complica”.

Irma explicó que los caminos se cerraron, los camiones dejaron de pasar, no hay donde hacerse los estudios diagnósticos. “El servicio sí se les cerró a muchas personas en la sierra, porque de por sí no nos quedaba cerca, en el caso de mi comunidad el centro de salud queda a dos horas caminando. A las mujeres las llevaban a Guachochi, para hacer los estudios o tomografías y ahorita no se puede ir”.

Las brigadas de salud encargadas de atender enfermedades como la diabetes no han acudido a las comunidades.

“Dicen que les da miedo el Covid y no vienen. Yo pedí hace un mes que vinieran, pero me dijeron que no”, agregó Elvia.

“Es triste todo lo que vivimos acá, es triste y muy difícil”, dijo