La desesperación del presidente y la lucha por las “benditas” redes sociales

La desesperación del presidente y la lucha por las “benditas” redes sociales

¿Quién decidiría lo que hay o no en las redes?  La clara intención de la propuesta es que sea el propio gobierno morenista, sin embargo ¿acaso ellos han demostrado que pueden conducirse de manera objetiva y sin prejuicios? ¿han demostrado ser consecuentes y contribuir a la pluralidad de opiniones en nuestro país? ¿o simplemente es un intento más por controlar la ya perdida percepción positiva que tenía el presidente?

Adrián Pablo

Es bien conocida por todos los mexicanos, la cruzada que el presidente Andrés Manuel López Obrador tiene contra cualquier figura pública, medio de comunicación, organización u organismo autónomo que se atreva a contradecirle, corregirle o simplemente que le haga saber que está en desacuerdo con él. Es común en las conferencias mañaneras, ver cómo se dedican minutos o hasta horas, en revisar portadas de diarios como el Reforma o El Universal, para descalificarlos y tildarlos de ruines opositores del intachable proyecto de la “Cuarta Transformación”.

Sin embargo, en las últimas semanas, el presidente sorprendió al añadir a su lista de enemigos personales, a las otrora “benditas” redes sociales. Ésas que alguna vez agradeció y reconoció como un eje fundamental de su triunfo en 2018, de repente se han convertido en un opositor más de su gobierno. La denuncia recayó, en específico en el director de Políticas Públicas de Twitter en México, Hugo Rodríguez Nicolat; a quien el mandatario acusó de haber pertenecido a las filas del PAN y fungir de asesor de políticos de ese partido, “sólo esperamos que haga su trabajo de manera profesional, que no promuevan la creación de granjas de bots», recalcó.

Estas declaraciones abrieron un debate en las mismas redes sociales, donde los seguidores del presidente acusaban de censura y falta de neutralidad a Facebook y Twitter y auguraban un desenlace parecido al de Donald Trump, en Estados Unidos, a quien le cancelaron sus cuentas personales en dichas plataformas a principio de este año. Sin embargo, la situación, si bien no es diametralmente opuesta, refleja la falta de análisis y la desesperación del presidente, por ganar el terreno perdido, en cuanto a la opinión pública.

En primer lugar, hay que aclarar que al igual que toda gran empresa o gigante tecnológico, Twitter se guía por los intereses de los grandes capitales del mundo. Twitter y Facebook actúan conforme a lo que más les beneficie económicamente y garantice su status quo; en cierto momento lo fue Trump, prueba de hecho es que tan solo hace unos meses, Mark Zuckerberg, CEO de Facebook, todavía se negaba a “censurar” al ex mandatario, ahora, vemos todo lo contrario, Joe Biden es la nueva elección del capitalismo norteamericano y esto se ve reflejado en el apoyo dado por las plataformas, y al mismo tiempo, el repudio que le han brindado a Donald Trump.

Ante este panorama, habría que cuestionarnos ¿es posible que las acciones de una empresa multimillonaria con cerca de 350 millones de usuarios en todo el mundo están a la disposición de una sola persona “resentida” de alguna forma con el proyecto del presidente? Son risibles las acusaciones hacia Rodríguez Nicolat, que, fundamentalmente, funge como vocero de la plataforma y poco o nada tiene que ver con los algoritmos que controlan la misma, sin embargo, coincido con el presidente, en el sentido de que hay granjas de bots, pero éstas no son producidas desde Twitter, sino, desde el exterior.  

Es conocido a nivel nacional la existencia de la #RedAmlo, encargada de difundir información a favor del presidente y golpear a sus adversarios, estos “robots”, sirvieron como amplificador de una percepción que ciertamente favorecía al entonces candidato de Morena en 2018; el discurso de “culpar al PRIAN” y el “combate a la corrupción”, funcionaba gracias al descontento del pueblo con los gobiernos anteriores. Ahora, que los mexicanos se dan cuenta que las cosas no han cambiado, la percepción que quiere crear el presidente, es brutalmente diferente a la realidad que vivimos. El descontento se hace cada vez más presente; falta de vacunas, hospitales repletos, el alza en el desempleo y miles de muertos por la pandemia del Covid-19. Por lo que el presidente opta por su ya clásica táctica de desprestigiar y atacar, como lo ha hecho con el Reforma y El Universal, esperando, ingenuamente, que no recibirá represalias.

Hay diversos organismos, por ejemplo, el Signa Lab, un laboratorio de la ITESO especializado en tecno política, que han hecho un seguimiento detallado de la red AMLOVE, prácticamente desde el inicio del sexenio de López Obrador. Esta red, ejecuta ataques coordinados y masivos sobre usuarios que discrepan o difunden información juzgada como antiAMLO y contiene varios mensajes que son altamente ofensivos o incluyen amenazas. Esto, ha sido denunciado públicamente en varias ocasiones, pero Twitter, hasta hace unas semanas, no hacía nada para parar este linchamiento público. No es sino hasta que reciben un ataque directo del presidente, cuando deciden actuar y cancelar la mayoría de “bots” pro AMLO.

Y aclaro, no significa que esas cuentas no tengan razones para ser canceladas, pero como en el caso de EE. UU., puede ser un reflejo de que el capital mexicano e internacional, ya no ve con buenos ojos el papel que está ejecutando el presidente Obrador, esto, sumado al descontento social de millones de mexicanos, podría provocar una rápida caída del ya decadente proyecto morenista. Todo, por la ambición de control y la falta de miras del presidente.

Sin embargo, aquí no acaba la terquedad de la 4T, ya que hace unos días, el líder de la bancada morenista en el Senado, Ricardo Monreal, presentó un proyecto de ley que busca “regular” las redes sociales, para, en sus palabras “proteger tu derecho a expresarte y a decir lo que quieras…”. La polémica iniciativa, ya ha sido repudiada por la mayoría de internautas, acusándola de generar, en los hechos, lo mismo que ellos denuncian, una censura y control de estas plataformas.

Monreal, propone, en primer lugar, que webs con al menos un millón de usuarios, tengan que pedirle al Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) autorización para operar en nuestro país, poniendo a su consideración sus “términos y condiciones”. Y aquí viene el primer asunto que definiría por completo la ley, ya que hace unas semanas, el mismo López Obrador propuso la desaparición del organismo autónomo, cuyas funciones caerían nada más y nada menos que en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), prácticamente en las manos del presidente.

Por si esto no fuera suficiente, el director de la Red en Defensa de los Derechos Digitales, Luis Fernando García, advertía hace unos días acerca de otro posible peligro “el art. 175 Quáter es el más peligroso. Es un mecanismo de censura encubierta mediante el cual el Estado le exige a sitios en Internet censurar expresiones en línea bajo conceptos vagos como ‘noticias falsas’, ‘mensajes de odio’ y que ‘se protejan los datos personales’”. Esta regulación, también le daría a la institución (supuestamente al IFT), el poder absoluto y la última palabra acerca de lo que está bien y mal en internet.

¿Quién decidiría lo que hay o no en las redes?  La clara intención de la propuesta es que sea el propio gobierno morenista, sin embargo ¿acaso ellos han demostrado que pueden conducirse de manera objetiva y sin prejuicios? ¿han demostrado ser consecuentes y contribuir a la pluralidad de opiniones en nuestro país? ¿o simplemente es un intento más por controlar la ya perdida percepción positiva que tenía el presidente? Sea como fuere, sigue siendo un movimiento desesperado y que a la larga demostrará ser inútil ante una realidad que estalla en las narices de López Obrador y que no puede esconderse detrás de las redes sociales. Un movimiento arriesgado por controlar la percepción ya perdida y que sólo provocará la ira de diversos grupos de poder, peligrosos no sólo para el presidente sino también, para México entero.