¿“Reinicio” para quién?

¿“Reinicio” para quién?

El reformismo es una manera que la burguesía tiene de engañar a los obreros, que seguirán siendo esclavos asalariados, pese a algunas mejoras aisladas, mientras subsista el dominio del capital. 

Lenin

J. Ignacio Mejía

Vivimos tiempos difíciles, no hay duda de eso. Pero mientras la inmensa mayoría de los seres humanos está tratando de sobrevivir en medio de esta crisis económica y sanitaria, el gran capital ya está pensando en cómo aprovechar esta oportunidad para plantear lo que ha llamado “El Gran Reinicio” para, según ellos, “reimaginar y reiniciar nuestro mundo forjando un futuro más sano, más equitativo y más próspero”. ¿Esto es así?

Según el vocero del globalismo, Klaus Schwab, fundador y Presidente Ejecutivo del Foro Económico Mundial (FEM), “El Gran Reinicio” plantea que “para obtener un mejor resultado, el mundo debe actuar conjuntamente y con rapidez en la renovación de todos los aspectos de nuestras sociedades y economías, desde la educación hasta los contratos sociales y las condiciones laborales. Deben participar todos los países, desde los Estados Unidos hasta China, y deben transformarse todos los sectores, desde el gas y el petróleo hasta el de la tecnología. Dicho de otro modo: nos hace falta un «Gran Reinicio» del capitalismo”.

Para ello es necesaria la “cooperación y solidaridad internacional” sobre la base de una profunda renovación económica y social basada en tres componentes esenciales que se pueden resumir de la siguiente manera: 1. Orientar los mercados a mejorar la distribución social mediante la coordinación fiscal y tributaria, nuevos acuerdos comerciales y la creación de las condiciones para la “economía de las partes interesadas”. 2. Inversiones orientadas a objetivos comunes de igualdad y sostenibilidad. Utilizar los Fondos Públicos para promover infraestructura urbana verde e incentivar a las empresas a la utilización de “métricas medioambientales, sociales y de gobernanza”. 3. Aprovechar la “Cuarta Revolución Industrial” “en pos del bien público” para hacer frente a desafíos sanitarios, sociales y medioambientales.

Aunque parezca que a la elite le interesa el mundo entero, lo cierto es que, como ellos mismos han declarado, este cambio les interesa “antes de que haya una explosión social”, es decir, como dijo el sociólogo y doctor en ciencias económicas argentino, Jorge Norberto Elbaum, “por miedo a que esto implique otro tipo de cambios, se adelantan para tratar de construir un mundo a imagen y semejanza de sus necesidades y la continuidad de sus privilegios. Son estos mismos sectores que se encuentran en Davos los que controlan básicamente gran parte del PIB mundial y sus familias, las mil familias, vinculadas a estas empresas controlan casi el 50 % de la riqueza del mundo. Son esos los que nos quieren imponer un reseteo mundial”.

En efecto, entre quienes encabezan esa propuesta está la Unión Europea (con Ursula von der Leyen al frente), los Estados Unidos con la nueva Administración estadounidense (“tendremos de nuevo un amigo en los Estados Unidos”, ha dicho Ursula), la Fundación Gates y otros seres caritativos, que “están dispuestos una vez más a guiarnos hacia la plena felicidad que todos anhelamos”.

Hace más de un siglo ya que Hobson (1902), Hilferding (1910) y, sobre todo, Lenin (1916) anunciaban la creciente formación de una oligarquía financiera. Para el líder bolchevique “El imperialismo, que es el capitalismo en la fase de desarrollo en la que dominan los monopolios y el capital financiero, ha adquirido gran importancia la exportación de capital, comenzó el reparto del mundo por los grupos internacionales y terminó el reparto de la Tierra entre los países capitalistas más importantes”. Así se explica que, desde los primeros Rothschild y Rockefeller, por mencionar algunos, el capital financiero persigue el objetivo de instaurar un gobierno mundial único controlado por él mismo.

Recordemos que el FEM surgió hace medio siglo, en 1971, para responder a la gran crisis de fines de los 60 y comienzos de los 70, una crisis de rentabilidad que afectó la tasa de ganancias de esta oligarquía. La respuesta de la cúpula del poder global en este entonces fue orientarse hacia la liberalización de la economía mundial, el tan cacareado “neoliberalismo”, modelo, cuya injusticia está siendo más exhibido hoy en día por la pandemia.

En su mensaje semanal, el ingeniero Aquiles Córdova Morán dijo en ese sentido que el documento de Klaus “no toca en absoluto la ley fundamental del capitalismo, es decir, la explotación del trabajo asalariado de donde brota la ganancia del capitalista”. Tal como lo deja en claro la OXFAM en el informe que presentó en el FEM, en donde destaca que: “Más de dos millones de personas han perdido la vida, y cientos de millones se están viendo arrastradas a la pobreza, mientras que la mayoría de las personas y empresas más ricas del mundo sigue enriqueciéndose”. Por eso no entiende, dijo el Maestro Aquiles, que acabar con la desigualdad y repartir la riqueza en forma más equilibrada es del todo imposible si nos mantenemos prisioneros del modelo capitalista de economía.

Retomando las palabras del presidente Putin, el Maestro Aquiles insiste en que “la salida no es la refundación del capitalismo sino una economía con oportunidades para todos” donde las necesidades básicas (vivienda, transporte, etc., estén cubiertas), el trabajo sea bien remunerado y, por supuesto, atención médica eficaz y de alta calidad cuando se requiera, sin olvidar que independientemente de “los ingresos de la familia, los niños deben poder recibir una educación decente y desarrollar su potencial”, pues “cada niño tiene este potencial”.

Es decir, escasos pero asiduos lectores, más que resetear el orden social, la verdadera propuesta debe ser transformarlo, asumiendo todo este conjunto de reivindicaciones de necesidades humanas elementales y junto a esas reivindicaciones, no debemos olvidar asumir también un proyecto cultural que genere en los seres humanos una solidaridad constante y no sólo coyuntural. Debemos diferenciar a aquellos que ven a los seres humanos como carne de cañón, como experimento o como escalón para seguir reproduciendo las relaciones de explotación imperantes (como es el caso de todos esos organismos internacionales que sólo desigualdad han generado sus propuestas), de los que ven, como dice el Maestro Aquiles, a los seres humanos, a los hombres y mujeres de México y del mundo, no como un medio, no como carne de explotación, sino como el fin último y único que puede justificar la existencia de la sociedad humana y del arte del buen gobierno de dicha sociedad”.

Se dice que Lenin, en una entrevista con Fernando de los Ríos, diputado del Partido Socialista Obrero Español, quien en 1920 había viajado a la Unión Soviética, a la pregunta de “¿cuándo tendrían libertad los ciudadanos soviéticos”, respondió: “¿Libertad para qué?” La conclusión del líder español fue que la naciente URSS se perfilaba para convertirse en una dictadura y que Lenin tenía toda intención de mantenerla. Dicha frase se ha reproducido y utilizado por parte de los enemigos del socialismo como un desprecio a la libertad, muestra del pensamiento leninista que, según ellos, siempre tenderá a la dictadura. Pero, quien realmente conozca correctamente el pensamiento de Lenin, no puede aceptar tal interpretación. Para Lenin, la esencia del marxismo radica “en el análisis concreto de la situación concreta”. Por ello, se rehusaba a hablar de libertad con mayúscula y en abstracto. Lenin trataba siempre de concretar: libertad, ¿para quién?, es decir, para qué clase o grupo social, y libertad, ¿para qué?, es decir, ¿para qué finalidad?: ¿para explotar o para emancipar?). Así que antes de escuchar alguna propuesta, la que sea, debemos preguntarnos…Sí. ¿Pero para quién? La oligarquía financiera plantea “El Gran Reinicio”. Si es en favor de la humanidad y la naturaleza, adelante, si es en favor de los intereses de una elite no dudemos en responder: ¡estoy fuera!