¿Dónde están los jóvenes?

¿Dónde están los jóvenes?

La forma de hacer política debe dar un giro, debe ser impulsada por los jóvenes. Dejarse caer en dogmatismos genera consecuencias catastróficas como las actuales.

Pedro Saddam Márquez

Los jóvenes que apoyaron al ahora presidente Andrés Manuel López Obrador principalmente en 2018 están ausentes. Esos que denunciaron los atropellos de gobiernos pasados y vieron en el proyecto de la Cuarta Transformación una oportunidad para transformar a México, hoy cierran los ojos ante los atropellos del presidente, su voz no se escucha frente a la violencia creciente, corrupción,  la pobreza y la falta de oportunidades.

Aquella juventud que se avizoraba como parte del cambio político y social por su respaldo al entonces candidato López Obrador, y que fue trascendental para llegar al poder, prácticamente, desaparecieron. Esa voz se apagó. En estos momentos en el que el país se encuentra sumergido en una crisis económica y social, no levantan la mano para exigir que el gobierno, cumpla con el compromiso, de acabar con la corrupción y la pobreza, bandera que López Obrador no ha dejado de utilizar.

Esos jóvenes, con su actitud pasiva son parte del problema, ya sea por miedo a aceptar que se equivocaron con López Obrador o por que reciben algún apoyo. Esa juventud está sometida, sin importarle el México del presente, pero sobre todo del futuro.

Los jóvenes que se identifican como “obradoristas” se convierten en seguidores ciegos de un movimiento que se gestó de inconformidad hacia la clase política de siempre, pero que en los hechos son exactamente iguales.

Sería imposible no comprender la realidad, los problemas y carencias por las que la juventud atraviesa (problemas económicos, pobreza, deserción escolar, falta de empleos, falta de servicios de salud, etc.) para rebelarse y exigir un cambio de políticas públicas en favor de todos. Quedarse callado ante los actos criminales de lo que va el sexenio de López Obrador hace cómplice de la destrucción y de sus consecuencias que vienen.

Pero aún es momento de corregir y sumarse a verdaderos movimientos estudiantiles, con demandas justas y visionarias.

Como ejemplo, se encuentra la Federación Nacional de Estudiantes Revolucionarios “Rafael Ramírez” (FNERRR), que, en semanas pasadas, tanto la prensa nacional e internacional ha dado voz a una lucha: un plan gubernamental para regresar a clases presenciales vacunados. Que la población estudiantil sea vacunado para un regreso a clases seguro, la respuesta, total indiferencia por parte del gobierno actual. El llamado no fue en vano, más colectivos estudiantiles se sumaron para formar un solo frente. Y no, no son jóvenes con altas posibilidades económicas, ya que viven y padecen la crisis al interior de sus familias, quienes deben de tomar la decisión de trabajar para comer, o estudiar y no comer.

Es justo esa juventud por la que México tiene un soplo de vida, de los que a pesar de las dificultades no se doblegan y luchan para mejorar las condiciones de los millones de estudiantes del país y hacen oír su voz en todo el mundo, denunciando las injusticias y los caprichos hechos decretos presidenciales. El llamado de la FNERRR tiene metas y objetivos claros para el bienestar colectivo. La forma de hacer política debe dar un giro, debe ser impulsada por los jóvenes. Dejarse caer en dogmatismos genera consecuencias catastróficas como las actuales. Analizar de mejor manera los hechos nos hará tomar decisiones y nos abrirá los ojos para hacer en México un verdadero cambio de democracia y de justicia. Y los jóvenes  deben tomar partido.