El fervor de un día, el olvido de siempre

El fervor de un día, el olvido de siempre

Está claro que una persona, por más talentosa y comprometida que sea con su deporte, le es imposible prosperar en condiciones de miseria, de hambre y de insalubridad, sumado a esto, el nulo interés por parte de los distintos niveles de gobierno, México está lejos de alcanzar todo su potencial, de ponerse tú a tú con las grandes potencias mundiales.

Adrián Pablo

Desde la antigüedad, los Juegos Olímpicos han representado un punto de encuentro para los mejores deportistas del planeta, en los cuales se presume un ambiente de respeto y solidaridad entre los pueblos, además de camaradería y competición sana, ese aspecto, aunque algunas veces ensombrecido por la gran cantidad de intereses económicos y políticos que rodean al evento, sigue estando en la cabeza de los deportistas, los cuales (ahora a través de redes sociales), muestran el orgullo y respeto con el que llevan el estandarte de su país.

La actual competición, Tokio 2020 (retrasado por la pandemia de Covid-19),  ha traido a la palestra otro panorama que muchas veces se olvida o se pierde entre el fervor olímpico; siendo éste, cómo las naciones demuestran, a través de sus buenos o malos resultados, la importancia que le dan a la difusión y el fomento al deporte, ya que, a pesar de muchas veces culpar y señalar a los deportistas -en el caso de México, por ejemplo-, poco o nada se dice de las dificultades que tuvieron que pasar para llegar a dicha justa.

Y es claro que, cualquier país que se presuma de ser desarrollado, sano y progresista, debe tener como pilar fundamental al deporte, no sólo en apoyo y publicidad de unas pocas figuras, sino, desde su fomento desde temprana edad y como integrante del proceso educativo de la juventud. Es por eso que países como Cuba, con una fuerte cultura del deporte desde la niñez, tiene mejores resultados que países “más grandes”, como México, que, a la fecha en la que se escribe este artículo (30 de julio), sólo cuenta con dos medallas de bronce, posicionándolo en el lugar 60 del medallero, sólo por arriba de 9 países.

En un artículo de 2019 de la revista española  Fair Play titulado “Las medallas perdidas y los deportistas perdidos en las olimpiadas: instituciones y desigualdad de género” de Carolina Fernández, narra algunos de los aspectos que afectan la obtención de medallas, uno de ellos es el nulo o escaso apoyo que otorgan las naciones a sus deportistas y la falta de programas que difundan las diferentes disciplinas “la  gestión  de programas  serios  orientados  al  deporte  desde  la  escolarización  inicial,  la  asignación  de presupuesto para la preparación de deportistas de alto rendimiento, las becas para deportistas y otras condiciones institucionales que el Estado puede promover, hacen que las posibilidades de  avanzar  en  el  medallero  sean  significativamente  diferentes”, señala.

El impulso al deporte en nuestro país es uno de los peores del planeta, y lo podemos ver simplemente en la cantidad de gente que hace actividad física, que sólo llega al 38.9 por ciento de mexicanos, asimismo el presupuesto olímpico ha bajado drásticamente a través de los años, por ejemplo, el destinado para Tokio 2020, es casi 150 millones de pesos menor, comparado con el erogado en Río 2016 y casi una tercera parte, de lo que se destinó para Londres 2012, todo esto según datos recopilados por el Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales (CEMEES).

Uno de los grandes culpables de esta reducción ha sido el plan de “austeridad republicana” implantado por el Presidente Andrés Manuel López Obrador desde su arribo al poder en 2018, que (a excepción de su preciado béisbol), poco o nada ha hecho por cambiar la situación deportiva en México; mucho se prometía con la incorporación de la medallista olímpica Ana Gabriela Guevara Espinoza a la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), sin embargo, la situación sólo va de mal en peor.

Durante la gestión de Guevara Espinoza, la Conade ha sido blanco de burlas y acusaciones de corrupción, amiguismos y maltrato a los deportistas, lo que ha provocado hasta la salida de muchos talentos importantes del país. Por ejemplo, como lo señala una  nota de Expresión Política  del 30 de junio de este año “Apenas en febrero pasado, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) detectó más de 186 millones de pesos por aclarar en el ejercicio del gasto público de la Conade. El tercer informe de la Cuenta Púbica de 2019 reveló irregularidades en el programa Atención al Deporte, principalmente en el pago de servicios que no se realizaron y posibles sobornos para adjudicar contratos”.

Con éste desfalco que la 4T le ha hecho a la Conade, se explica que existan casos como el de Jorge Orozco, quien llegó a los primeros lugares a nivel mundial en la disciplina de fosa de tiro deportivo sin recibir nada de las instituciones mexicanas, como lo narró en entrevista para Proceso en 2019: “Es muy triste. Solo confirma que el deporte no se genera por un esfuerzo del gobierno, sino por una labor individual y ahí siempre está el apoyo de la familia. En México, los atletas que logran sobresalir lo hacen por sus propios medios y patrocinios”. Sin embargo, esto da a conocer otro aún más importante en la constitución de deportistas fuertes y una cultura deportiva entre la población y es, la gran desigualdad social intrínseca de los países capitalistas. 

El anteriormente citado artículo de Fair Play dice “Otra vez, la desigualdad en los ingresos es evidentemente un factor de pérdida de potenciales atletas afectados por condiciones de pobreza que no facilitan o  directamente  no  permiten  su  desarrollo  como  deportistas”. 

Esto se prueba en  las entidades del país con los primeros lugares en pobreza extrema y pobreza alimenticia, Oaxaca, Guerrero y Chiapas, que según el reportaje La ruta del deporte en los estados más pobres de México del 29 de enero de este año, también comparten la característica de ser los últimos en cuanto a resultados deportivos “En 2018, el estado de Guerrero fue el último lugar de la Olimpiada Nacional sumando apenas siete medallas (…) En la tabla de puntuación, donde se mide el desarrollo deportivo, el estado alcanzó 550 puntos, mientras que Oaxaca 1,240 y Chiapas 1,133; los tres estados no superaron ni la quinta parte de los puntos de Jalisco, con 5,369.

Aunque se vea más claro, la situación no se limita a esta parte del país. Está claro que una persona, por más talentosa y comprometida que sea con su deporte, le es imposible prosperar en condiciones de miseria, de hambre y de insalubridad, sumado a esto, el nulo interés por parte de los distintos niveles de gobierno, México está lejos de alcanzar todo su potencial, de ponerse tú a tú con las grandes potencias mundiales. Esto se logrará hasta que surja un gobierno emanado del pueblo, que garantice condiciones humanas para el crecimiento de deportistas  más brillantes, más sanos y más prósperos.