¿De otro planeta? No, de China

¿De otro planeta? No, de China

El deporte no es una excepción, existe un interés genuino, y hasta de sobrevivencia, para que a través de él se sigan forjando hombres y mujeres fuertes, física y mentalmente y, además, valientes, sin temor a los retos que la vida impone.

Adriana Argudín Palavicini

El pasado 9 de agosto, el Comité Central de la Liga de la Juventud Comunista de China y la Federación Nacional de la Juventud de China, decidieron otorgar “Medallas Cuatro de Mayo” a los jóvenes atletas que participaron en los Juegos Olímpicos de Tokio como reconocimiento a su destacado desempeño. En su discurso, los dirigentes de dichas organizaciones hicieron un llamado a los jóvenes de todo el país “para que aprendan de sus atletas, desafíen las dificultades y mejoren sus habilidades a través del trabajo arduo”. Entre los homenajeados se encontraba la clavadista china Quan Hongchan, una niña de 14 años de edad, la competidora más joven de la delegación china.

Quan Hongchan -se llama Hongchan y se apellida Quan, siguiendo la onomástica china- tuvo en la prueba final femenina un desempeño de excelencia en la plataforma de 10 metros, pues de sus 10 clavados, 7 obtuvieron calificación de 10 y los 3 restantes de perfectos. Estremecedor. No faltaron los elogios desmesurados hacia la jovencita, algún medio, incluso, llegó a cabecear su nota escribiendo “Niña china es de otro planeta” y, claro, tampoco faltaron las historias que se tejieron alrededor de su vida, supuestamente de miseria. El imperialismo con sus poderosos medios de comunicación, sobre todo el norteamericano, no deja pasar ningún acontecimiento para denostar al gobierno chino.

Primeramente, es necesario mencionar que los clavados de la plataforma de 10 metros constituyen una prueba en la que la República Popular China ha ganado el primer lugar desde 1984 (salvo en Sidney 2000 y Atenas 2004), es decir, que este es el octavo título para China en 10 ediciones de los Juegos Olímpicos. Quan Hongchan, a su corta edad, simplemente comprendió que debía conservar el título y así lo hizo. No es de otro planeta ni un fenómeno, es el resultado de la educación que China imparte no solo a sus atletas, sino a toda su población, una educación basada en el trabajo, la disciplina y la constancia para alcanzar las metas trazadas, antes que las individuales, las de la sociedad entera.

Seguidamente, indaguemos un poco en el entorno en el que nació y se desarrolló Quan Hongchan. Es originaria de Zhanjian, una ciudad portuaria (de acuerdo con la organización político-administrativa de China, una ciudad-prefectura) de la provincia de Cantón, ubicada en la costa occidental de la Península de Leizhou. El área metropolitana de la ciudad-prefectura de Zhanjian cuenta con un millón 400 mil 685 habitantes y está rodeada de una amplia zona rural en la que hay más localidades y pueblos. Anteriormente, la ciudad llevaba el nombre francés de Fort-Bayard, pues estuvo ocupada por los franceses a finales del siglo XIX, fue, pues, una colonia que dependía de la Indochina francesa hasta que fue devuelta a China en 1946, de tal manera que sus abuelos y bisabuelos vivieron bajo el dominio francés durante varios años y, muy seguramente, fueron duramente explotados por los negociantes franceses en las minas de carbón y en la navegación comercial, que eran las principales fuentes de ingreso.

Tras el establecimiento de la República Popular en 1949, Zhanjian empezó a progresar y ahora se encuentra comunicada a través de importantes vías férreas, por ejemplo, con la provincia de Hunan, a la que pertenece Shaoshan, donde nació Mao Zedong, con la región de Guangxi, que limita con Vietnam y con Cantón, importantísima ciudad portuaria situada al noroeste de Hong Kong. Cuenta con un puerto de 241 kilómetros, cuatro veces más grande que el de Róterdam y es uno de los ocho puertos principales de China; el puerto tiene astillero, plantas textiles, refinerías de azúcar, plantas de producción de automóviles, productos químicos y aparatos eléctricos, así como molinos de arroz. Su agricultura también es importante, sobre todo la producción de caña de azúcar. 

Quan Hongchan es estudiante y deportista, su padre es agricultor, tiene un hermano un poco mayor que ella y dos más pequeños (un varón y una mujer) que practican buceo. Inició su entrenamiento en clavados a los 7 años de edad en la Escuela de Deportes de su ciudad natal y después de ganar varios campeonatos locales, fue a Cantón a continuar sus estudios y entrenamiento; apenas el año pasado, ganó la medalla de oro en los Campeonatos Nacionales de Clavados de China. 

Su éxito es resultado del esfuerzo colectivo. Ella forma parte de los millones de niños y niñas que se forman en las miles de escuelas deportivas del gobierno chino, se sabe que son miles los inspectores del Sistema Deportivo Nacional que recorren el territorio en busca de talentos deportivos y que, como resultado de este trabajo, cada año son seleccionados 6 millones de niños; según datos oficiales, el 98 por ciento de los atletas chinos que llegan a lo más alto del podio provienen de estas escuelas. Muchos inician su entrenamiento a partir de los seis o siete años de edad y su permanencia en las escuelas de deportes depende de su rendimiento ya que los centros tienen mucha demanda. El desarrollo económico de China ha repercutido también en la mejora constante de estos centros y, consecuentemente, en el despegue del país como potencia deportiva. Sus atletas han participado en diez Juegos Olímpicos desde 1984 y el número menor de medallas (oro, plata y bronce) que ha obtenido es de 28 (en Séul 1988) y el máximo, de 100 (Beijing 2008), ahora en Tokio, obtuvo 88, colocándose en el segundo lugar (después de Estados Unidos). La República Popular China, la que fue la China arrodillada y miserable hasta antes de 1949, ha acumulando un total de 634 medallas, de las cuales, 262 son de oro, 199 de plata y 173 de bronce.Por todo lo dicho, no queda duda de que Quan Hongchan es producto de las condiciones materiales y de la justicia social en que ha vivido, que no han sido otras más que las de trabajo perseverante para lograr el imponente progreso y desarrollo de su país y una más justa distribución de la riqueza. Es, pues, una tontería creer que se trata simplemente de individualidades extraordinarias al margen de la sociedad en la que nacen y crecen, que se trate de estrellitas, de esas que crea la propaganda occidental para consumo de bobos. Cada vez va quedando más claro que el Partido Comunista de China está realmente ocupado y preocupado por lograr avances en todos los sentidos en beneficio de la enorme población china y que ello solo puede lograrse gracias al esfuerzo colectivo. Y, como quedó dicho más arriba, el deporte no es una excepción, existe un interés genuino, y hasta de sobrevivencia, para que a través de él se sigan forjando hombres y mujeres fuertes, física y mentalmente y, además, valientes, sin temor a los retos que la vida impone.