Metaverso de Facebook: el posmodernismo y la reproducción del capital (I/II)

Metaverso de Facebook: el posmodernismo y la reproducción del capital (I/II)

El principal motivo de estos compradores es el mismo que el de Zuckerberg, acaparar rápidamente un nuevo mercado. Es necesario preguntarnos, ¿acaso este nuevo universo traerá bienestar a la sociedad? ¿Es la ventana a un mundo más justo y próspero? ¿Será una utopía digital como las que nos muestran en la pantalla grande?

Adrián Pablo

El ser humano, a diferencia de cualquier otro ser vivo, tiene la importante cualidad de ser el único que puede transformar a la naturaleza a conciencia a través del trabajo; primero, como forma de garantizar sus necesidades básicas más inmediatas, sin embargo, como lo explica Federico Engels en su obra El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre: “El trabajo mismo se diversificaba y perfeccionaba de generación en generación extendiéndose cada vez a nuevas actividades (…) a la caza y a la ganadería vino a sumarse la agricultura, y más tarde el hilado y el tejido, el trabajo de los metales…”. Estas primeras modificaciones de la realidad partían de algo físico, algo que el hombre podía ver y sentir y que nadie podía negar, sin embargo, con el pasar de los siglos, poco a poco se fue modificando esta percepción, con la llegada de producciones más complicadas (el derecho, la política, etc.) y que, a primera vista, parecían surgidas únicamente del cerebro y no de algo material, quedando las primeras recluidas a segundo plano.

El progreso de la humanidad poco a poco fue atribuido al desarrollo del cerebro, lo que provocó que, como dijo Engels “Los hombres se acostumbraron a explicar sus actos por sus pensamientos, en lugar de buscar ésta explicación en sus necesidades”; esta idea errónea evolucionó con el pasar de los años, a conveniencia de las clases poseedoras, hasta formar parte del discurso de `libertad individual´ que prevalece por encima de la realidad que vemos; la idea de que cada quién tiene o construye su realidad ha permeado fuertemente en la sociedad capitalista con el nombre de “posmodernidad”, cuya existencia amenaza todos los aspectos de nuestra vida diaria, mientras fortalece el sistema económico. Los que defienden esta idea, niegan la existencia de verdades universales, independientes de la conciencia del ser humano, negando así, nuestra realidad, la que podemos percibir a través de nuestros sentidos y que existe independientemente de cualquiera de nosotros.

Pareciera una locura negar esta realidad, la realidad donde hemos nacido, donde han nacido nuestros padres y amigos y con la que nos tenemos que enfrentar a diario; porque, si no importa o no existe esta realidad, entonces ¿qué existe?, ante esta pregunta, los defensores del posmodernismo no dan una respuesta clara, en primer lugar, porque no pueden demostrar su tesis principal, sin embargo, han creado un sin fin de explicaciones basadas en el libre albedrío: ¡No existe la realidad!, ¡La realidad la creas tú! o ¡Infinidad de probabilidades! De muchas de estas expresiones se ha alimentado la ciencia ficción, jugando con el cuestionamiento de la realidad y, sobre todo, la “realidad virtual”.

A través de distintos medios, como la radio, la televisión y sobre todo el cine, nos muestran obras que juegan con este tipo de “realidades alternas” o “realidades artificiales”; Total Recall, Tron o Ready Player One son ejemplos perfectos de esto; donde el protagonista, un marginado social que pertenece a estratos sociales bajos y que tiene pocas o nulas capacidades físicas, de repente se transforma -en el mundo virtual- en un superhéroe al mejor estilo norteamericano, capaz de triunfar frente a cualquier dificultad, encontrar el amor y obtener riquezas inmensurables, que después, se ven traspasadas mágicamente a su realidad, sin que este haga mayor esfuerzo en “el mundo real”. Este género -la ciencia ficción-, a veces tiende a olvidarse de sus bases, el ingenio y la necesidad humana, privilegiando ahora, lo digital, lo antimaterial o la “inteligencia artificial”, excluyendo casi por completo, el papel del hombre como creador de esta misma tecnología.

Uno de los elementos que juega más con estas “realidades” por ejemplo, son los videojuegos; el papel de éstos en la sociedad ha sido y es objeto de debate, entre los que lo defienden como una manera de adquirir “habilidades” o conocimientos, hasta los que afirman que están modificando -negativamente- el comportamiento de los jugadores, en su mayoría niños y jóvenes, ya que los vuelve adictos a estos y provoca comportamientos agresivos. Sea esto último cierto o no, no se puede negar el tiempo que se les dedica; según el Digital Report 2021 realizado por la plataforma Hootsuite, los llamados “gamers”, invierten alrededor de 11 horas semanales en el uso de videojuegos, en nuestro país. Los videojuegos, poco a poco se han visto potenciados por la tecnología VR (Virtual Reality), que se acerca más a lo visto en la ciencia ficción, una inmersión aún más grande en el mundo digital a través de visores cada vez más avanzados, potenciados por grandes de la industria tecnológica, como Google, Apple o la empresa Oculus, propiedad ni más ni menos que del multimillonario Mark Zuckerberg, fundador de Facebook y que en los últimos meses ha dividido la opinión pública debido a lo que ocurre dentro de sus empresas. 

El pasado 28 de octubre, Zuckerberg anunció públicamente que su compañía matriz ahora se llamará Meta, la cual engloba a la propia red social de FacebookWhatsApp e Instagram, además de otros proyectos como Oculus,QuestMessenger y Horizon. La razón de este cambio de nombre -que coincide con los escándalos provocados por la filtración de varios documentos alarmantes concernientes a la famosa red, conocidos popularmente como los Facebook Papers-, según sus directores, tiene la intención de cambiar la estrategia de la empresa y poner en fila sus prioridades, ya que “De ahora en adelante, primero seremos metaverso, no Facebook primero”.

¿Qué es el Metaverso? En palabras sencillas, es un “universo virtual” que promete “ampliar” el mundo físico en digital, sea con la realidad aumentada, avatares o interfaces virtuales. “La próxima plataforma y medio será una internet aún más inmersiva y encarnada, en la que estás en la experiencia, no solo mirándola. A esto lo llamamos metaverso”, explicó Zuckerberg, en cuya presentación se detalló los comienzos de este proyecto (que aún estará en desarrollo por un par de años): “Desde asistir a un concierto virtual, hacer un viaje en línea o probarse ropa. También podría influir en el trabajo remoto o en las reuniones virtuales, permitiendo que no solo se vean a las personas en una cuadrícula de videollamadas, sino que puedan verse virtualmente” (Gestion.pe 29 de octubre 2021). Es decir, nuestra vida pasará, casi en su totalidad, a ser algo “a distancia”, ya que lo podremos hacer desde “la comunidad” de nuestro hogar.

Como todos se lo podrían imaginar, detrás de lo que promete ser “la nueva era del internet” hay serios intereses económicos, “Según cálculos de Bloomberg, el negocio del metaverso podría suponer hasta 800.000 millones de dólares en 2024. Un sector con un enorme potencial por el cual Facebook, ahora Meta, va a intentar pugnar (…) Para la próxima década, Zuckerberg espera que el metaverso alcance los 1.000 millones de usuarios, genere miles de millones de dólares” (Xataka.com, 29 de octubre 2021). Meta, lo que busca es acaparar y crear condiciones para un nuevo mercado, un mercado que viene creciendo peligrosamente y del que muchos ya se intentan aprovechar.

Decentraland es un proyecto poco conocido, pero que muestra algunas particularidades de este metaverso. Lo primero que hay que saber, es que está basado sobre la tecnología NFT (Non Fungible Token o activo no fungible), un activo único, que no se puede modificar y no se puede intercambiar por otro igual, siendo digital sin relación con el mundo real. Aunque suene como algo complicado, resulta, en lo particular, bastante burdo: Imagina que te encuentras un archivo en internet (puede ser una imagen, música o texto) y del cual quieres ser el “dueño original” -como si de una obra de Picasso o Caravaggio se tratara-, que, aunque se pueda copiar, tú sabrás que eres el “dueño legal” de ese archivo, a pesar de nunca poder sostenerlo entre tus manos. Una propiedad meramente digital que ha pasado de “obras de arte” a ¡bienes raíces!; así es, Decentraland se basa en eso, la compra-venta de inmuebles digitales, en los que puedes “construir” casas o edificios y venderlo a otro usuario, que -obviamente- lo colocará en un espacio virtual.

Aunque suene absurdo el hecho de gastar dinero real en propiedades virtuales, esto ya se ha convertido en un negocio millonario, por ejemplo, Jack Dorsey, fundador de la red social Twitter, ha vendido su primer tuit, por 9 millones de dólares, la obra de arte digital The First 5000 Days creada por el artista Mike Winkelmann, se vendió por ¡69.3 millones de dólares! En el terreno de los bienes raíces, Decentraland contaba en enero de este año con 111 compradores; en febrero con 184; y en marzo con 334 compradores, con una venta mensual de terrenos que superan los 4 millones de dólares (Islabit.com, 27 de junio 2021). El principal motivo de estos compradores es el mismo que el de Zuckerberg, acaparar rápidamente un nuevo mercado. Si Meta, logra su objetivo a mediano plazo, pronto nos veremos en la imperiosa necesidad de hacernos con propiedades virtuales (nuestra casa, oficina, espacios de recreación, etc.) para que nuestros avatares (nuestra representación gráfica en este metaverso) interactúen, vivan y trabajen; hasta será necesario la compra de ropa, objetos de uso diario y ¡hasta mascotas! Si usted, lector, cree que lo que se expone aquí es una exageración, solo basta con ver la presentación de Zuckerberg para darse cuenta de que todo esto se hará indispensable en esta plataforma; creado, claro está, como una necesidad artificial, ya que no nos brindará ninguna comodidad material, pero nos dará «estatus” en el mundo digital. Sin embargo, es necesario preguntarnos, ¿acaso este nuevo universo traerá bienestar a la sociedad? ¿Es la ventana a un mundo más justo y próspero? ¿Será una utopía digital como las que nos muestran en la pantalla grande? Para responder eso, solo basta ver el papel que Facebook ha tomado en los últimos años, para darnos cuenta que esta nueva “tierra prometida”, será un mero espejo de la sociedad capitalista, fomentando de igual forma, la inmensa desigualdad que ya de por sí impera.