Con la 4T no nos encaminamos a ser una república justa, igualitaria, democrática y fraterna

Con la 4T no nos encaminamos a ser una república justa, igualitaria, democrática y fraterna

Antonio Escamilla Meza

Para saber si un país está bien económicamente y que, por tanto, también sus ciudadanos lo están en la realidad, existen dos conceptos que nos revelan mucho al respecto: el crecimiento económico y el nivel de bienestar que goza su población. Para medir su nivel de crecimiento, se utiliza el PIB (Producto Interno Bruto) que mide la actividad productiva y se obtiene al sumar los precios de todos los bienes y servicios de consumo final que se producen en un año. El resultado de todo ello mide el tamaño de la economía de un país, es decir, toda su riqueza económica. Cuando el PIB de un país aumenta es una buena señal para la economía y afecta a prácticamente todas las personas del territorio. Aunque también depende de que haya una distribución justa de la renta nacional.

Por su parte, el bienestar está relacionado con el nivel de vida de las personas. Una forma de medirlo es a través del PIB per cápita que se calcula dividiendo el PIB del país entre el número de personas que viven en él. Sin embargo, no siempre la renta per cápita es capaz de mostrar de manera absoluta y veraz el auténtico nivel de vida de un ciudadano en un país determinado. En ese sentido, a menudo se dice que esta magnitud no expresa bien la realidad en situaciones de desigualdad, especialmente, en situaciones en las que la economía de un país crece, pero esta mejora macroeconómica no siempre se refleja en la calidad de vida del ciudadano ni en su poder adquisitivo.

Ahora bien. Veamos cuál ha sido el crecimiento económico en México durante el gobierno de la 4T. En 2019 el PIB tuvo una caída del 0.3% en comparación con lo reportado un año atrás, es decir, antes de la pandemia. En 2020, ya con la pandemia, el decrecimiento fue del 8.3%; en el tercer trimestre de 2021 ha caído un 0.4% respecto al segundo trimestre de 2021. Algunos pronostican un crecimiento de entre el 5 y el 6% anual para 2021, pero hace falta que termine el año para verificarlo.

Como consecuencia de esto, existen 2.5 millones de mexicanos desempleados y 31.4 millones viven en la informalidad (vendedores ambulantes, limpiaparabrisas, trafuegos, etc.); el número de mexicanos en pobreza laboral, es decir, que no tienen ni para comprar alimentos básicos, es de 51.2 millones; el aumento de los precios sigue creciendo, en noviembre la inflación rebasa el 7.3%, la peor cifra en 20 años.

Además, la pobreza en México, según la última medición de CONEVAL (que es hablar de una medición oficial), agobia a más de 54 millones de personas (hay quienes afirman que a más de 97 millones) y la pobreza extrema angustia a más de 10 millones y medio de miserables; con rezago educativo se hallan casi 24 millones de ciudadanos; sin acceso a los servicios de salud más de 20 millones de habitantes; con carencias de servicios básicos como agua potable, drenaje, electricidad, pavimento, etc., más de 22 millones de seres; y, finalmente, sin acceso a una alimentación nutritiva y de calidad se hallan más de 28 millones de mexicanos.

Por si todo ello fuera poco, en materia de inseguridad, entre el 1 de diciembre de 2018 y el 30 de septiembre de este año se alcanzaron 100,344 muertes violentas: 97,532 homicidios dolosos y 2,812 feminicidios. Con el actual gobierno estamos padeciendo los años más violentos e inseguros de la historia reciente, aún por encima del gobierno de Calderón y de Peña Nieto.

Para remate, el combate a la corrupción solo ha significado una cantaleta engañabobos pues en lo que va del sexenio se han presentado numerosos hechos de corrupción tan escandalosos que no se pueden ocultar a pesar de los esfuerzos del presidente por minimizarlos u ocultarlos. “México es el quinto peor país del mundo en corrupción, de acuerdo con un ranking de The World Justice Project. En su Índice de Estado de Derecho 2021, la organización ubicó al país en el ranking de Ausencia de Corrupción en el lugar 135 de 139 naciones evaluadas, con una calificación de 0.26 en una escala de 0 al 1, donde el 1 es la mejor nota. México se coloca sólo por arriba de Uganda, Camerún, Camboya y República Democrática del Congo, este último país es el peor evaluado”, se publica en el portal de Forbes México del 18 de octubre de los corrientes.

Con todos estos datos, que son ya del dominio público, es un total despropósito, es un insulto monumental a los mexicanos, decir que con la mal llamada Cuarta Transformación “somos una gran nación libre y soberana, respetada y respetable para el resto del mundo, que lucha por la paz y que se encamina a ser una república justa, igualitaria, democrática y fraterna”. Nuestra nación está más bien al borde de un precipicio; pero de esos mismos pobres que hoy son los principales afectados de este mal gobierno depende que no se consume la catástrofe, depende de su lucha organizada y consciente, la única que puede poner freno a tan terrible situación.