Tarjetas y donativos no acabarán con la pobreza

Tarjetas y donativos no acabarán con la pobreza

No hay salidas mágicas contra pobreza y la desigualdad, que se debe insistir en explicarle esta realidad al mayor número de mexicanos y tratar de convencerlos de que la única forma de mejorar el destino nuestro y de las próximas generaciones es construir un país con una economía muy grande…

Homero Aguirre Enríquez

Los mexicanos hemos llegado a la mitad del sexenio de AMLO y no hay ninguna señal que indique que se aproxima la solución al problema de extrema pobreza que padecen la mayoría de los mexicanos; al contrario, la pobreza sigue dramáticamente vigente y en crecimiento: ahora hay más pobres que cuando Andrés Manuel López Obrador inició su sexenio.

Con el modelo de la 4T, que esencialmente consiste en abrir hoyos para tapar otros, es decir, reasignar dinero público que en alguna medida resolvía necesidades esenciales de mexicanos pobres, como vivienda, apoyo a la producción agropecuaria, guarderías, educación, cultura, entre otros, para nutrir programas que entregan dinero directamente a ciertos grupos de mexicanos a los que se les pedirá el voto, se han obtenido buenos resultados electorales para el grupo en el poder, pero no se reducirá la pobreza aunque ese esquema se replique de aquí a la eternidad. Los fanáticos del presidente dirán que no es así, pero los datos oficiales demuestran que, desde que entró AMLO a la fecha, hay 3.8 millones más de personas pobres en México, además que se han recrudecido otros fenómenos, como la delincuencia y la migración, que se alimentan de la pobreza y la falta de ingresos suficientes de la gente. Tan solo en esta semana hemos tenido espantosas masacres en Zacatecas y Veracruz, ambas entidades gobernadas por Morena, y la suma de asesinados en lo que va del sexenio es la más alta de la historia desde que se lleva registro (109 mil 691, hasta hoy); junto con eso, se han escalado los intentos de paisanos de irse a trabajar a Estados Unidos, intentos fallidos en su gran mayoría, pues según datos recientes la Border Patrol devolvió del 2019 a la fecha casi un millón 200 mil mexicanos a nuestro territorio. Nada de eso ocurriría, o habría una tendencia descendente, si el nivel de ingresos y bienestar de los mexicanos se hubiera modificado durante el actual gobierno y en verdad hubiera menos pobreza y desigualdad en México.

El sitio Our World in Data, especializado en recopilación y análisis de datos de todo el planeta, ha publicado recientemente un artículo que a los mexicanos puede interesarnos en particular para ubicar en sus justos términos lo que ocurrirá si no se modifica la política económica de nuestro país y seguimos atenidos a que el gobierno entregue pequeñas cantidades de dinero en tarjetas con nombres rimbombantes y escuchando las loas que lanza el presidente a las remesas que mandan los paisanos (cuyo esfuerzo ciertamente es loable y es la explicación de que millones de mexicanos sobrevivan en el territorio nacional, pero no es de ninguna manera un mérito del presidente y su gobierno). El texto, titulado “Desigualdad económica global: lo que más importa para tus condiciones de vida no es quién eres, sino dónde estás”, escrito por Max Roser, investigador de la Universidad de Oxford, afirma que “donde los ingresos son más altos, las personas viven más tiempo, los niños mueren con menos frecuencia, las madres mueren con menos frecuencia, los médicos pueden centrarse en menos pacientes, las personas tienen un mejor acceso al agua potable y la electricidad, pueden viajar más, tener más tiempo libre, tener un mejor acceso a la educación y mejores resultados de aprendizaje, y las personas están más satisfechas con sus vidas”… “ Para tomar un ejemplo concreto, consideremos la mortalidad materna. En los países de altos ingresos, donde las madres pueden depender de hospitales bien equipados y del apoyo de médicos y parteras cuando ocurren complicaciones, las muertes maternas se han vuelto raras…. Pero en el resto del mundo sigue siendo muy común: cada año 295 mil madres mueren justo en ese momento en que dan vida a su hijo”. El investigador agrega que recurrir a la migración hacia otros países para obtener mejores niveles de vida sólo es posible para un número muy reducido de personas a nivel planetario, pues “por una variedad de razones, desde los lazos familiares hasta las restricciones políticas que impiden la migración, muy pocas personas se mueven entre países. La gran mayoría de la población mundial (97%) vive en el país en el que nacieron. Y así, para la mayoría de las personas en el mundo, no solo el país en el que viven determina sus ingresos, sino que es el país en el que nacieron”. De acuerdo con esto, para millones que nacimos y otros tantos que nacerán en México en el futuro, son escasas las posibilidades de migrar y encontrar bienestar en otras tierras (que además hacen todo lo necesario para no recibir a otros, tal cual hace nuestro presidente con los centroamericanos y los gobiernos europeos con los migrantes africanos, miles de los cuales perecen ahogados en el mar Mediterraneo).

Aún más remota resulta la posibilidad de que los países ricos distribuyan su riqueza hacia los más pobres. El investigador sugiere la ruta de las donaciones de dinero de personas ricas a otros en pobreza en otros países: “si quieres reducir la desigualdad global y apoyar a las personas más pobres, tienes esta oportunidad. Puedes donar parte de tu dinero”, dice Max Roser, y agrega que “es posible que puedas vivir un poco menos y este dinero podría marcar una gran diferencia para una persona más pobre”. No dudo de sus buenas intenciones, pero no creo que los muy ricos renuncien a su riqueza y algún llamado los conmueva para que los abandone el afán de acumular grandes fortunas, de lo que se deduce que las donaciones nunca serán tan numerosas ni tan grandes como lo requiere el lacerante problema de la desigualdad del mundo, sino excepciones casi insignificantes.

De lo anterior se deduce que no hay salidas mágicas contra pobreza y la desigualdad, que se debe insistir en explicarle esta realidad al mayor número de mexicanos y tratar de convencerlos de que la única forma de mejorar el destino nuestro y de las próximas generaciones es construir un país con una economía muy grande (también aquí vamos en retroceso y la 4T carece en absoluto de un plan de crecimiento de la economía: “éramos la economía numero 12 en la primera década de este siglo. Pasamos al casillero 13 y 14 en la segunda década y ahora estamos en el número 16”, documentó hace poco el economista Luis Miguel González), donde se distribuya riqueza mediante políticas fiscales enérgicas, que promuevan empleo, alimentación, servicios públicos, salud, educación, cultura y deporte para millones. Eso no es tarea de un mesías desmañanado, sino de un pueblo educado, organizado y orgulloso de la tarea que la historia le pone enfrente.