Reporte especial: Aumento al salario mínimo, más pobreza laboral

Reporte especial: Aumento al salario mínimo, más pobreza laboral

Reporte especial. Reporteras: Laura Espíndola y Francis Martínez. Para viajar de la colonia Pantitlán a la zona industrial Vallejo, dentro de la Ciudad de México (CDMX), don Alberto toma un trolebús, el Metro y debe caminar cierta distancia porque no puede pagar otro medio de transporte ya que sus quincenas tienen que rendirle todo el mes.

Don Alberto gana el salario mínimo general (SMG), que a partir del 1º de enero se integró con un “doble aumento” de siete pesos, de los cuales tres se otorgaron para compensar la inflación y cuatro “adicionales” fueron para que los trabajadores pudieran enfrentar, según la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami), “diversos acontecimientos económicos”. De este modo fue como el SMG subió de 73.04 pesos diarios en 2016 a 80.04 pesos en 2017.

Don Alberto, obrero metalúrgico, percibe el equivalente a dos y medio SMG y forma parte del 13.7 por ciento de la población económicamente activa (PEA) con estos ingresos, según el Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

De los tres mil pesos que gana a la quincena, don Alberto da a su esposa Alma por lo menos 200 pesos para cubrir los gastos de la comida. Sus dos hijos, Luis y Rafael, necesitan de 30 pesos diarios para pagar sus transportes a la escuela secundaria. El gasto familiar más fuerte es el de la renta de la casa habitación, que no es alta en la región oriente de la CDMX, pero debe entregarse puntualmente tres días antes del término del mes.

Por ello, aún con los siete pesos de aumento –el “mayor en cuatro décadas”, según el Gobierno Federal– el SMG es aún muy bajo y con él “no hay dinero que alcance”.

Hay que subir el SMG a 580 pesos

El pasado 24 de noviembre de 2016, la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) propuso un incremento gradual al SMG para que alcanzara una cuota diaria de 89.35 pesos en 2017, de acuerdo con la línea de bienestar establecida por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). A esta misma cifra se habría propuesto llegar la Conasami a partir de los actuales 80.04 pesos.

El presidente del organismo privado, Gustavo de Hoyos Walther, dijo que los 36 mil empresarios aglutinados en el organismo proponen un aumento porcentual a partir de la inflación registrada en 2016, la cual se ubicó entre el 4.0 y el 4.5 por ciento, y un incremento nominal de entre 13.02 y 13.28 pesos a fin de acercarse en 2017 a la línea de bienestar recomendada por el Coneval. Sin embargo, para el coordinador del Observatorio del Salario de la Universidad Iberoamericana, Campus Puebla, Miguel Reyes, tanto la Conasami como el sector empresarial en México plantean un aumento del SMG en función de la línea de pobreza individual, lo que aparentemente es un avance, pero no lo hacen en función de la pobreza familiar.

“El concepto de salario mínimo es hogar, jefe de familia y familia; es decir, implica considerar a la línea de pobreza no en 89.50 pesos diarios, sino en 353 pesos para una familia. El salario nuestro debería estar más allá de la sobrevivencia, de las situaciones de precariedad o de pobreza para solventar una vida digna en condiciones promedio. Por eso estamos planteando 580 pesos como salario mínimo. Desde este punto de vista, ambos sectores esconden en realidad el abismo que realmente debe subsanar el salario mínimo”, resalta Reyes.

El investigador agrega que el planteamiento empresarial se modificó significativamente a raíz del pronunciamiento del presidente electo Donald Trump, pues se busca dejar abierta la ventana para que el mercado interno se convierta en el motor de crecimiento de la economía nacional. En eso coincide Enrique Cárdenas, titular de la consultora Centro de Estudios Espinosa Yglesias: “El aumento en el salario mínimo viene a beneficiar a las personas que ganan menos, entonces esto se traduce en consumo y el consumo en actividad económica; es como se logró convencer a los empresarios”, dijo.

Es decir, en el país empieza a haber puntos de coincidencia con respecto a la forma como deberá enfrentarse la crisis económica y su posible complicación con la asunción de Trump a la presidencia de Estados Unidos (EE. UU.), dice Rogelio Gómez Hermosillo, director de Acción Contra la Pobreza. “La mayoría de los grupos de empresarios están a favor del aumento salarial mínimo porque saben que está fuera del marco de la economía; es decir, no es un buen modelo de negocio empobrecer a la población y menos en un contexto en que se van a reducir nuestras exportaciones. Con los problemas de comercio exterior debe fortalecerse el mercado interno”, explica Gómez Hermosillo en entrevista con esnoticiahoy.

El especialista echa a tierra también la hipótesis de que el aumento al SMG se había postergado en México porque provoca inflación elevada. En años recientes, en países como España, EE. UU. y naciones de Latinoamérica, se han aumentado los salarios sin efectos inflacionarios. Venezuela incrementó en 50 por ciento el salario, que equivale a 227 pesos mexicanos diarios. En 2016, el gobierno del ex presidente Ollanta Humala dejó un sueldo mínimo de 250 dólares en Perú.

Desde su creación en 1987, la Conasami tuvo como principal objetivo impulsar una política de contención salarial, más que de fortalecimiento a los ingresos laborales. Actualmente está convertida en una dependencia anquilosada cuyo director vitalicio, Basilio González Núñez, y su burocracia son los únicos beneficiarios. Desde que el expresidente Carlos Salinas de Gortari lo puso al frente de la dependencia en 1991, González Núñez tiene un sueldo anual de un millón y medio de pesos y la oficina tiene un presupuesto anual de 37 millones de pesos, destinados al pago de servicios personales, nómina y honorarios. Para el Observatorio Laboral la caída en el ingreso de los trabajadores en México no se debe a su relación con la inflación, sino fundamentalmente a la enorme disparidad que a partir de los años 80 hay en la distribución en el ingreso y la riqueza patrimonial.

“En 1976 el 50 por ciento del ingreso nacional le correspondía a los trabajadores y el 50 por ciento al capital. Y con esta caída sostenida de los salarios (casi todos han caído, sin importar el grado profesional), ahora el 24 por ciento del ingreso corresponde al salario y el 76 por ciento al capital. Es decir se va al uno por ciento de las empresas del país que concentran el 60 por ciento del producto interno bruto (PIB)”, explica Miguel Reyes, promotor también de la organización de investigadores Red de Salarios, Desigualdad y Niveles de Vida. Por ello el coordinador de Acción Contra la Pobreza, Rogelio Gómez Hermosillo, insiste en que ahora hay una “ruptura” con el mito de que no puede recuperarse el salario mínimo sin provocar efectos negativos.

“El salario mínimo no alcanza ni para la sobrevivencia de una persona. Lo único bueno es que por primera vez empieza la recuperación gradual del valor del salario mínimo que durante décadas se mantuvo totalmente fijo como un electrocardiograma de muerte, hasta que llegó un momento en que se hundió en la pobreza a millones de personas” apunta.

Hay que ahorrar en todo

“Así le hacemos quienes toda la vida hemos ganado poco; de todo hacemos nuestro ahorrito”, explica don Alberto, quien se traslada de la colonia Pantitlán a la colonia Vallejo, donde la zona industrial está en franco declive, aún en el caso de las empresas metalúrgicas. Don Alberto tiene la chamba relativamente segura, en contraste con miles de trabajadores que enfrentan la incertidumbre.

Entre ellos, por supuesto, los que viven del comercio informal, quienes carecen de ingresos fijos o de aumentos como el del SMG, atención médica y prestaciones sociales. Tal es el caso de Luis Antonio, quien vive en Ixtapaluca, Estado de México, y todos los días sale a vender rajas, mole oaxaqueño y dulces en un carrito, sin saber cómo le va a ir en la venta.

“Siempre estamos acostumbrados a estirar el billete, porque “todo sube día a día, y todo amenaza con ponerse peor”, dice preocupado. “Nunca se puede decir que un aumento salarial es bienvenido; el problema es verlo como el gran triunfo; es decir, como si ya hubiéramos recuperado la capacidad adquisitiva de los trabajadores, la que se perdió desde los años 80 y 90s, y no está saldada”, explica Miguel Reyes al hablar de las limitaciones del aumento al SMG autorizado en 2016 para este año. Desde 2014, organizaciones como el Observatorio Laboral han expuesto la necesidad de establecer un salario mínimo que esté de acuerdo con lo que el establece el artículo 123 de la Constitución: que el salario mínimo debe ser suficiente para que un trabajador pueda satisfacer plenamente necesidades materiales, sociales, educativas y culturales de su familia. “Con 80 pesos ¿qué tipo de familia puede sostener una situación así?”, pregunta Miguel Reyes a las decenas de políticos, entre ellos el jefe de gobierno de la Ciudad de México, que hablan de la “justeza” de elevar el salario a 89 pesos.

Pese al aumento de siete pesos, el salario mínimo de México es el más ‘raquítico’ entre los países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), pues al año apenas suma mil 911.7 dólares, equivalentes a 38 mil pesos mexicanos. De acuerdo con un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), El empleo informal en México: situación actual, política y la Formalización en América Latina y desafíos, en el primer trimestre de 2016 la PEA se ubicó en 52.9 millones de personas, que representó el 59.2 por ciento de la población nacional con 15 años y más.

Sin embargo, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el número de mexicanos que trabajaban en la economía informal subió a 29.1 millones en el primer trimestre de 2016, y representan el 57.4 por ciento de la población ocupada. Es decir, casi el 60 por ciento de los trabajadores en México laboran en la informalidad, sus empleos e ingresos inestables, carecen de prestaciones y servicios sociales y están expuestos a todo tipo de coacciones físicas, sociales y morales.

Por ello, los especialistas consultados por esta revista concluyen que frente a la crisis económica generalizada, que el “gasolinazo” del 1º de enero agravó exponencialmente y ante los riesgos externos que amenazan con empeorar el desempleo y la miseria, la mejor solución es la siguiente: “Hay que recuperar el valor de los salarios, no hay otra manera de enfrentar la pobreza. Ésta es la otra parte importante de rescatar este paso que se dio. Hemos ganado la batalla simbólica de plantear que frente a la pobreza se requieren medidas de política económica, no sólo programas sociales”, destaca Gómez Hermosillo.