Dos años y la calumnia nunca se ha probado

Dos años y la calumnia nunca se ha probado

Por Omar Carreón Abud

    |Muy pronto se cumplirán dos años de que el 24 de septiembre de 2018, me permití escribir que el entonces presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, calumniaba a los dos millones de mexicanos que forman parte del Movimiento Antorchista acusándolos en su “gira de agradecimiento” de manejar y robarse programas de gobierno en ayuda de la gente. En ese entonces, escribí: “En un discurso pronunciado durante un mitin en la ciudad de Mexicali, Baja California, el pasado viernes 21 de septiembre y hablando de los apoyos en dinero que le tiene prometidos a los mexicanos más necesitados, el señor presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, dijo lo siguiente: “Todo el apoyo social para el bienestar de nuestro pueblo va a ser personalizado, nada de que soy de la organización Francisco Villa, Emiliano Zapata, la Antorcha no sé de qué, y que me tienes que entregar a mí como dirigente y yo lo voy a repartir -porque dicen como caciques- ‘a mi gente’; eso ya se acabó, son ciudadanos libres”.

    Más adelante, rechacé lo dicho de la manera siguiente: “… no acepto y lo catalogo de una inexactitud absoluta, decir que el Movimiento Antorchista Nacional es una organización “intermediaria” que ha administrado y administra (“ya se va a terminar este asunto”, dijo) las ayudas a jóvenes, adultos mayores o Prospera o de algún otro programa similar. Antorcha jamás ha manejado ni ha sido vehículo ni canal ni nada por el estilo para que alguno de esos programas llegue a sus destinatarios o, como dice el licenciado López Obrador, no llegue o llegue con moches. Eso es una falsedad completa”.

    Después de catalogarnos, sin ninguna prueba, como delincuentes y a pesar de nuestros desmentidos, las imputaciones, con pocas variantes, se repitieron durante cerca de 18 meses en mítines a lo largo y ancho del país no menos de 150 veces. Nunca antes una organización política de ciudadanos en pleno uso de sus derechos había sido tan injustamente denigrada por un presidente constitucional de todos los mexicanos. Los antorchistas -incluido un servidor de ustedes, como dejo constancia en la cita incluida más arriba- respondimos oportuna y públicamente, en centenares de ocasiones y en diversos foros y circunstancias, que las afirmaciones eran falsas, que nunca, jamás, en ninguna parte del país, ningún antorchista había manejado ningún programa de gobierno y que desde la fundación del Movimiento Antorchista, los apoyos gestionados y conquistados en dinero, insumos u  obras, habían sido siempre administrados y entregados por funcionarios públicos debidamente acreditados.

    Pronto, como queda dicho, en unos cuantos días más, habrán pasado dos años de aquella primera calumnia del 21 de septiembre de 2018 en la ciudad de Mexicali y de que algunos medios de comunicación hayan dado en llamar al Movimiento Antorchista una organización “intermediaria”. Hoy podemos manifestar y repetir de manera contundente que a dos años de distancia y aun con el apoyo de todo el poder del aparato del Estado, como a todo México le consta, las escandalosas acusaciones en contra del Movimiento Antorchista Nacional, nunca se han probado. Ha quedado claro que Antorcha nunca ha atropellado a los mexicanos que defiende, que Antorcha no financia sus actividades con dinero mal habido. Cualquier mexicano medianamente informado y perspicaz, concluirá que esa es, precisamente, la explicación de por qué ahora se ha pasado a acosar a los negocios que durante toda su historia, ha fundado, cuidado y desarrollado el Movimiento Antorchista Nacional.

    Esta nueva modalidad del ataque, sucede cuando la crisis se amplía y se ahonda y, sobre todo, se aproximan las elecciones de medio sexenio. La pandemia está descontrolada y sólo se pueden atenuar sus efectos en la opinión pública manipulando los datos de contagiados reduciendo las pruebas para localizarlos; no hay empleo y los ingresos de millones de personas han caído o se han esfumado completamente; la realidad de la violencia es aterradora, sus estadísticas rebasan con mucho a las de los sexenios anteriores y son millones los niños y jóvenes que han desertado del sistema educativo nacional.

    El presidente Andrés Manuel López Obrador dijo hace unos días que ya estamos saliendo de la crisis, pero yo tengo otros datos y son copiados de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público del gobierno de la Cuarta Transformación. Entre este año y el próximo, México vivirá la crisis más fuerte desde 1932, dijo Arturo Herrera, el secretario de Hacienda, y añadió que es casi el peor momento económico para el país en el último siglo. Cierto. En los últimos seis meses, el Producto Interno Bruto (PIB) por habitante se redujo en 36 mil 780 pesos, en diciembre de 2019 era de 194 mil 257 pesos, al día último de junio; la riqueza per cápita fue de 157 mil 477 pesos y la economía mexicana se derrumbó 18.9 por ciento durante la primera mitad de 2020, pasó de 18.3 billones de pesos a 15.05 billones, según  el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Estos son solamente algunos de los índices que se utilizan para determinar el desempeño de una economía.

 Pero más allá de las estadísticas de los especialistas, está la realidad que vemos y tocamos con la mano. En efecto, se sabe de mucha gente que ha perdido su empleo formal y ha sido enviada a su casa sin ninguna indemnización ni esperanza de regresar; se conocen múltiples casos de niños de secundaria y jovencitos de preparatoria y del nivel superior que ya no van a continuar con sus estudios y se dedican a trabajar en lo que salga, o sea, en empleos muy mal pagados, sin olvidar que se han puesto de moda escalofriante los suicidios de niños y jóvenes; se sabe de mucha gente que no se cura porque no tiene ni para el médico ni para las medicinas y que no acude a los hospitales oficiales o porque tiene miedo o porque le dicen que sólo están atendiendo casos graves, o sea que las medicinas y los tratamientos se han ausentado de la vida de los mexicanos más pobres, y se sabe también que, en la intimidad del hogar, cada día se come más mal y no pocas veces sólo dos veces al día o, incluso, sólo una. La tragedia de la población ahí está y si no trasciende más es porque no se quiere que trascienda.

 En medio de toda esta situación, los proyectos y preocupaciones del gobierno de la 4T, como no sean los precarios apoyos que instrumentó desde el inicio de su gestión y que ante la nueva realidad son obsoletos, todo lo que existe es mucha preocupación y mucha prensa para rifar dinero con la escenografía de un avión, para llevar a la cárcel a los implicados con y por Emilio Lozoya y para colocar en la agenda nacional el enjuiciamiento a los expresidentes, todo lo cual no traerá empleo, mejores salarios, vivienda digna y educación de calidad para los hijos de los mexicanos más necesitados. En estas condiciones se despliega y agudiza la ofensiva en contra del Movimiento Antorchista, se le persigue y se le calumnia, pero aun cuando se reprima con cárcel a sus dirigentes y a sus militantes, nada se habrá podido probar, como sucede desde hace dos años, y la ofensiva pasará a la historia como lo que siempre ha sido, como la burda utilización del combate a la corrupción, como pretexto para la represión abierta de opositores honrados y consecuentes que tienen un proyecto diferente que implica como punto central un reparto más justo de la riqueza social, opositores que cuentan con una amplia base social que comparte su proyecto y lo defiende.