Jóvenes a contracorriente de las familias que huían de las balas, dieron REC a las cámaras de sus celulares desde las azoteas de sus casas para grabar los sonidos e imágenes que aterrorizaron a otros, y así obtener likes en sus redes sociales o vender los videos por el costo de una caguama.
Sin importar que arriesgaran su vida o entorpecieran a los policías, jóvenes de entre 15 y 18 años grabaron a pocos metros de distancia el momento en que cruzaron fuego los presuntos delincuentes y los elementos de seguridad, al punto de aturdir sus oídos y oler la pólvora que despedían las detonaciones.
Consumidos por la adrenalina, sin miedo y convencidos de colocarse entre los más buscados en redes sociales si capturaban el momento del enfrentamiento.
“Me arriesgué de a madres, pero quería subirlos a Facebook, me subí al techo y grabé a los polis disparando”, comentó uno de los jóvenes de pantalones guangos, gorra y cadenas colgando del cuello, quien vendía en 30 pesos los videos a medios de comunicación o habitantes para comprar una caguama.
El costo de esta bebida alcohólica recompensaría el riesgo al que se expuso junto al resto de los jóvenes, quien además buscaba posicionarse entre los “camaradas con más huevos” de la cuadra al demostrar su valentía de esta manera.
Incertidumbre
Los videos muestran a otros jóvenes corriendo, que también sostienen celulares grabando a una cuadra del sitio donde se ubicaban las unidades y elementos armados que aún no acordonaban con cintillas de advertencia.
Gritos como “ya los agarraron” acompañan el sonido de la ráfaga de disparos y movimientos de uniformados a los que Zócalo no accedió a la venta.
Al mismo tiempo, habitantes de la colonia ubicada al oriente de la ciudad, que residen hasta a tres cuadras de distancia donde ocurrió la persecución, vivieron momentos de pánico e incertidumbre al escuchar las detonaciones.
Hubo quienes se alejaron de puertas y ventanas refugiándose al fondo de sus hogares, transeúntes retrocedieron al ver las patrullas y niños corrieron llorando hacia sus casas.
“Nos metimos hasta el cuarto que construimos atrás, escuchamos como golpes, pero ya seguidos, dijimos ‘son balazos’, se nos hizo raro porque es una colonia tranquila dentro de lo que cabe, hay riñas de huercos pero nunca con armas de fuego”, comentó una madre de familia, que al igual que otras teme que estos hechos ocurran de nuevo.
Quedan huellas
Los habitantes de esta colonia marcada por las firmas de grafiti sobre sus muros, con tan sólo escuchar los disparos se retornaron a las “balaceras” de las que aún hay huellas en algunas zonas del sector e incluso en su memoria.
“Ya valió madres de nuevo”, comentaron los habitantes de mayor edad, sosteniendo un cigarrillo y mirando hacia la nada.
Con una única entrada sobre el bulevar Fundadores, más de 70 manzanas y 36 calles atravesadas por el bulevar Huizache, esta colonia se convierte en un lugar sin escape para los habitantes durante alguna persecución.
Aunque aseguran que las riñas de pandillas o robos de autopartes y en casa habitación, son los delitos más graves de los que habían sido testigos hasta ayer.
“Se escucharon los plomazos y de repente ya estaban aquí cuantos policías, había estado muy tranquilo, no había pasado más que peleas entre pandillas, las de siempre”, señaló otro habitante del mismo sector.













