La reciente tragedia ocurrida a 67 migrantes en la ciudad de San Antonio, en el estado de Texas, de los cuales fallecieron 53, la mayoría de ellos mexicanos, vuelve a mostrarnos la descarnada realidad del sistema capitalista de producción. Las razones de que cada vez sean más los parias que emigran de sus países de origen las conocemos bien, y también conocemos los intereses que se ocultan detrás de este fenómeno; en el caso concreto de México, somos el tercer país a nivel mundial en recibir dinero vía las remesas que mandan a sus familias los millones de mexicanos que trabajan en los EE. UU. y, aunque su impacto en la economía nacional no es verdaderamente significativo, el presidente López Obrador se siente agradecido con ellos -recordemos que hasta les llamó “héroes”-, porque le quitan de encima el peso de una masa enorme de personas demandando trabajo y salarios bien remunerados. Y mientras eso no se les pueda brindar, desgraciadamente tragedias como la reciente, que además no ha sido la única, seguirán ocurriendo; de acuerdo con datos de la oficina de inmigración de aquel país, el pasado mes de mayo se rompieron los récords hasta entonces alcanzados: 239 mil personas fueron detenidas por los agentes de aduanas y protección fronteriza.
Después de los dos primeros años de la pandemia de Covid-19, todas las economías del mundo han tratado de reactivarse, pero no todas lo han logrado. En el caso de la estadounidense, a pesar de que el gobierno federal destinó 5 billones de dólares de ayuda a empresas y comercios para su recuperación -ayuda que en México se les negó-, su economía sigue operando con una cantidad significativamente menor de trabajadores que antes de la pandemia. Ante la creciente demanda de todo tipo de productos, los dueños de empresas y hasta de comercios, están tratando desesperadamente de contratar suficientes trabajadores para mantenerse al día -existe una gran cantidad de anuncios solicitando empleados-, pero resulta que existe un desequilibrio entre la cantidad de ofertas de trabajo, que son más de 11 millones, y la cantidad de personas desempleadas, que suman 6 millones. (The Washington Post, 12 de abril de 2022). De acuerdo con la misma fuente, este fenómeno se debe a que muchos trabajadores están renunciado a sus anteriores empleos, donde en muchos casos les pagaban por hora, y ahora buscan vender su fuerza de trabajo a cambio de un mejor precio (que es la expresión en dinero del valor de la fuerza de trabajo, de acuerdo con Marx).
Pero sucede también que la tasa de participación de la fuerza de trabajo, que mide cuántos ciudadanos de 16 años y más están trabajando o se encuentran buscando empleo, pasó de 63 por ciento -que era el porcentaje antes de la pandemia- a 62 por ciento, debido al incremento de estadounidenses que se jubilan y a una caída drástica en la inmigración legal bajo el gobierno del presidente Trump, que aún no se ha recuperado. Fijarse bien, no se habla de inmigración ilegal, sino de inmigración legal, a pesar de la urgencia que tienen los patrones de mano de obra y de la necesidad del imperio, que no está en sus mejores momentos, de contar con una economía que funcione al 100 por ciento.
Recientemente, el Departamento de Seguridad Nacional y el Departamento del Trabajo anunciaron que hay 35 mil visas H-2B adicionales -de no inmigrante- para trabajadores temporales, con vigencia del 1 de abril al 30 de septiembre del presente año, a quienes no se les exige ni experiencia laboral ni títulos académicos o profesionales, para que se empleen en trabajos o servicios no agrícolas que los estadounidenses no quieren realizar. No sólo por su temporalidad (seis meses), sino también por el tipo de trabajo y la cantidad de visas que se ofrecen, es evidente que esa medida de poco o nada servirá para resolver la gran demanda de mano de obra, pues de acuerdo con tales autoridades, el 38 por ciento de quienes las obtienen se emplean en la jardinería y en el mantenimiento, seguidos por los cortadores y procesadores de carnes, aves y pescados (casi el 10 por ciento) y de las mujeres como sirvientas y en el servicio de limpieza (7 por ciento).
Pero el problema no termina ahí. Existen muchas quejas en contra de la burocracia del gobierno para darle celeridad a los trámites legales de inmigración, pues resulta que hay poco más de 11 millones de personas en espera de que se les resuelva su solicitud de ingresar al país y permanecer en él. Poco más de millón y medio de tal cantidad, engloba a quienes ya contaban con la visa de trabajo temporal y que quieren renovarla, así como a quienes la solicitaron por primera vez. Las restantes 9 millones 500 mil personas, pretenden que se les otorgue la residencia permanente y la ciudadanía, y otros asilo, entre los que se encuentran miles de mexicanos desplazados que han huído de la violencia del crimen organizado.
Estados Unidos tiene, pues, una fuerte presión laboral, tanto interna como externa: once millones de empleos que no logra cubrir, seis millones de desempleados y poco más de once millones de personas en espera de que se les de luz verde para ingresar y permanecer allí. Es esta otra arista de los graves problemas que enfrenta el que se considera el amo del mundo e imponerse sobre el mismo. Sus pretensiones de que la humanidad continúe viviendo en un mundo unipolar están ya en decadencia. Por eso, la única salida es la construcción de un mundo multipolar, como lo han planteado Rusia y China.














